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El nuevo Start

08 de febrero de 2011 - 11:11 p. m.

Aunque ha recibido poca atención mediática, la entrada en vigor del nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas entre Estados Unidos y Rusia es un hecho significativo.

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Desde hace dos décadas, cuando Ronald Reagan y Mijail Gorbachov concluyeron el primer Start, una serie de acuerdos internacionales ha permitido avanzar en la creación de mecanismos de construcción de confianza y verificación, sin que la eliminación total de las armas nucleares —propuesta por primera vez en 1968 en el Tratado de No Proliferación Nuclear— sea todavía un sueño viable.


El nuevo Start —cuya ratificación por el Congreso estadounidense constituye en sí un triunfo— compromete a las partes a reducir sus ojivas nucleares “estratégicas” (de largo alcance) en aproximadamente 30% y reactiva el sistema de monitoreo —inoperante desde diciembre 2009— para garantizar el cumplimiento de los dos países. Más importante, es un avance concreto en el llamado “reinicio” de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, una de las prioridades de la política exterior de Barack Obama.


A pesar de ello, el tratado no cobija las armas “tácticas” (de corto alcance) —de las cuales Rusia tiene muchas— que no se hallan bajo ningún tipo de control internacional y son más susceptibles de ser vendidas clandestinamente o robadas. Tampoco garantiza la creación de un sistema de defensa antimisiles en Europa, respaldado por Washington y la OTAN con el fin de disuadir a países como Irán, pero frente al que Moscú ha sido esquivo.  Ni asegura la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT) por parte de los 13 países que hacen falta (entre ellos, Estados Unidos) para que entre en vigencia.


Por más ajena que parezca a la realidad nacional, como integrante del Consejo de Seguridad de la ONU se trata de una discusión en la cual Colombia tendrá que participar y que será recurrente. Obama es el primer presidente estadounidense en hacer del desarme nuclear el epicentro de sus políticas de defensa e internacional. Su estrategia, consignada en el Nuclear Posture Review (NPR) de 2010, que fue diseñada para dar ejemplo al mundo y crear incentivos para que otros países desistan de sus ambiciones nucleares, incluye una mayor delimitación de las condiciones bajo las cuales Estados Unidos usaría su arsenal nuclear y el compromiso de no desarrollar armas nuevas.


En lo internacional, uno de los objetivos primordiales de Washington es impedir que Irán desarrolle capacidad nuclear. Hasta la fecha ha liderado la aplicación de sanciones considerables para que los iraníes desistan de enriquecer uranio, sanciones que Rusia y China han aprobado, pero Brasil y Turquía han rechazado. ¿Cuál será la posición del Gobierno colombiano frente a esto?  ¿Cómo reaccionará ante la expansión del arsenal nuclear de Pakistán —que parece estar en camino de reemplazar a Francia o Gran Bretaña como cuarta o quinta potencia nuclear en el mundo— si algún miembro permanente del Consejo se lo pide? ¿Y qué opinión le merece el Tratado de Corte de los Materiales Fisionables (FMCT), que aunque no ha sido negociado prohibiría la producción de elementos como el uranio y el plutonio para la fabricación de armas nucleares?  En resumen, el nuevo Start abre muchos interrogantes para los cuales el nuevo miembro latinoamericano del Consejo de Seguridad debe estar preparado. Sobre todo si quiere lucir.

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