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Globalizaciones en conflicto

08 de septiembre de 2015 - 10:35 p. m.

Las hordas recientes de refugiados y migrantes del Sur constituyen uno de los mayores retos que haya enfrentado el orden mundial actual.

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Al tiempo que desbordan el marco westfaliano moderno, que gravita en torno a los Estados-nación, también ponen de relieve el carácter paradójico de la globalización. Ésta evoca un imaginario geopolítico en el que transitan libremente distintos flujos de ideas, personas y bienes, que en la práctica choca con la discriminación frente a “otros” indeseables mediante la construcción de muros (físicos y jurídicos) con el fin de contener el “contagio”. En el fondo, lo que plantea el éxodo migratorio es el conflicto no resuelto entre distintas globalizaciones.

Por un lado, la globalización (neo) liberal ha sido descrita en términos de una racionalidad económico-política que resalta la centralidad del mercado y que disemina los valores de éste a todas las esferas de la actividad humana. En este sentido, la gobernanza global puede entenderse como una forma de disciplinamiento (neo) liberal que enfatiza ideas tales como la centralidad del individuo, la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley, y que refleja un supuesto cosmopolitismo post-westfaliano.

En la medida en que distintos procesos asociados con aquella globalización han agravado la desigualdad, la represión y la violencia, se ha potenciado otra “desde abajo”, que converge en la necesidad de controvertir el poder de los Estados, el mercado y las organizaciones internacionales con el fin de garantizar una mayor justicia y un mejor futuro para los sectores más vulnerables de la población mundial. Si bien la mayoría de la atención se ha enfocado en las manifestaciones más visibles y organizadas de la resistencia anti-globalización, tal vez los sujetos más potentes de este movimiento desde abajo sean los migrantes y refugiados “ilegales”, justamente porque al no ser ciudadanos de ningún Estado, representan el reclamo máximo de los derechos del “otro” en un mundo globalizado.

Problemas transfronterizos como la migración han generado la necesidad de diseñar esquemas de debate global en los que los actores más afectados también sean participes. Estos ¬que podrían agruparse bajo la etiqueta de cosmopolitismo crítico o subalterno, o contrapúblicos subalternos globales¬ siguiendo a autores como Walter Mignolo, Boaventura de Sousa Santos y Nancy Fraser, se oponen a los proyectos cosmopolitas (neo) liberales, tales como la gobernanza global, y su anclaje en visiones excluyentes y elitistas del orden mundial. Se trata de intentos por construir espacios de conversación en los que el “quién” se amplía para incluir a los más vulnerables. Como lo sugiere Fraser, el potencial emancipatorio de este ejercicio –en donde el criterio para ser interlocutor ya no es ser ciudadano político de algún Estado– radica en el reconocimiento de la diferencia racial, étnica, de clase y de género así como la necesidad de la redistribución..

Pese a la exacerbación de la xenofobia y el reclamo de los derechos “nacionales”, las manifestaciones cotidianas de solidaridad con los refugiados hace pensar que todo no está perdido.

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