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I’m back

18 de marzo de 2014 - 11:00 p. m.

En la batalla final de la película ‘Terminator 3’, el ciborg Arnold Schwarzenegger pronuncia su famosa línea, “I’m back”.

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El discurso de Vladimir Putin ante el parlamento —gélido y sin expresión emocional ninguna—, en el que anunció el ingreso de Crimea a la Federación Rusa, presagia de forma similar el retorno de Rusia como “gran potencia”. Según Putin, el referendo realizado el 16 de marzo, en el que más del 96% de los votantes aprobó la reunificación, fue realizado en pleno cumplimiento de los procedimientos democráticos y la normatividad internacional, y confirma que “en los corazones y las mentes de la gente, Crimea siempre ha sido inseparable de Rusia”.

El mandatario ruso acusa a Occidente de explotar a su favor la disolución de la Unión Soviética y de “cruzar la línea” en Ucrania, frente a la cual la condena de la injerencia rusa sólo puede tildarse de hipócrita considerando su propio intervencionismo alrededor del mundo. Palabras más, palabras menos, afirma Putin que no admitirá el pordebajeo ni el matoneo internacional, en especial de Washington.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea (UE) alegan que el referendo es ilegal, dado que viola la Constitución de Ucrania, que exige que cualquier modificación al territorio nacional deba aprobarse mediante el voto de toda la población (y no solo los separatistas), así como el derecho internacional, que únicamente admite la separación cuando los derechos específicos de un grupo o región han sido violados. Pese a ello, las opciones a su alcance para castigar esta violación son muy limitadas. Mientras que Rusia tiene poder de veto sobre cualquier resolución condenatoria del Consejo de Seguridad de la ONU, un pronunciamiento por parte de la Asamblea General tendría un efecto político prácticamente nulo. Por su parte, las sanciones anunciadas a una lista corta de oficiales rusos y ucranianos acusados de fomentar la separación de Crimea, y que no incluye a Putin, carecen de dientes, hecho reflejado en la tranquilidad con la que los mercados bursátiles recibieron esta noticia. La dependencia europea del petróleo y el gas de Rusia constriñe, además, la adopción de medidas más severas, tal y como han solicitado algunos miembros de la UE.

Más allá del tema puntual de Crimea, que ya parece un hecho cumplido, las repercusiones internacionales de este caso pueden ser significativas, dependiendo de las acciones rusas y las reacciones estadounidenses y europeas. Primero, la secesión de Crimea podría envalentonar a otros grupos secesionistas, constituyéndose en un arma de doble filo para Rusia, incluso, que todavía enfrenta ese problema en Chechenia. Segundo, pese a las aserciones de Putin de que Rusia no irá tras más territorio dentro ni fuera de Ucrania, su conducta futura queda por verse. Tercero, luego de los intentos por normalizar las relaciones con Rusia durante el primer gobierno de Obama, la posibilidad de ampliar la cooperación bilateral en asuntos neurálgicos como la reducción de armas nucleares, la pacificación de Siria, el retiro de Estados Unidos de Afganistán y la limitación de la industria nuclear de Irán —país que podría utilizar el desacato ruso a su favor en las actuales negociaciones— es remota. Y cuarto, la lección para China, otro país que aspira a ser potencia mundial, podría ser que una mayor agresividad e intervención en Asia podría traer mayores beneficios que costos y castigos.

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