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La unión, en entredicho

06 de diciembre de 2011 - 05:38 p. m.

La Unión Europea (UE), y en especial la Eurozona, enfrentan la peor crisis de su historia.

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A pesar de contar con el esquema de integración económica y política más profundo del mundo, éste ha quedado corto a la hora de diseñar una respuesta coordinada efectiva. ¿Qué ha ocurrido para poner en entredicho el sueño comunitario?

La integración europea se originó en consideraciones (geo)políticas. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el acercamiento económico, político y cultural entre quienes habían sido enemigos fue considerado la clave de una paz duradera. Para Francia, la mejor manera de impedir que Alemania volviera a tener dominio continental era su articulación a una colectividad supranacional, mientras que para ese país la forma más idónea de superar la estigmatización heredada del nazismo era su “europeización”. Por su parte, Estados Unidos veía indispensables la reconstrucción económica, el rearme (bajo su coordinación de la OTAN) y la cooperación entre los dos rivales históricos para proteger a Europa occidental contra la expansión soviética.

La Comunidad Europea del Carbón y del Acero de 1951 hizo manifiesto este proyecto al someter dichos recursos, de alto valor estratégico por su uso en la manufactura de armas y bienes industriales, a la regulación colectiva. La creación de la Comunidad Económica Europea en 1957 y de la unión económica y monetaria, establecida en el Tratado de la Unión Europea (Maastricht) en 1992, reflejó la convicción adicional de que tener algún grado de influencia internacional exigía actuar en bloque. En efecto, con la introducción del euro en 2002 y la creación de la Eurozona, Europa se convirtió en el área comercial más grande del mundo.

Formalmente el ingreso a la Eurozona exige el cumplimento de un “pacto de estabilidad y crecimiento”, consistente en no tener un déficit fiscal que exceda el 3% del PIB y no acumular una deuda pública mayor a 60% del mismo. Aunque es lógico que con una moneda única y la mayor interdependencia que ella genera el peligro de contagio aumenta si uno de los miembros entra en crisis, países como España, Grecia, Irlanda e Italia fueron admitidos sin cumplir con los requisitos. Y Alemania y Francia se quedaron calladas.

La propuesta elaborada por el dúo “Merkozy”, que se presentará esta semana en la cumbre de la Unión Europea, establece sanciones automáticas a quienes no ejerzan disciplina fiscal y exige que los estados miembros de la UE incorporen las reglas del “pacto” en sus constituciones. Para evitar mayores brechas entre los miembros y no miembros de la Eurozona es preferible que los 27 integrantes de la UE den su aprobación.

Queda por verse si un esquema de integración basado en la existencia de una única moneda, sin ningún tipo de redistribución entre países “ricos” y “pobres”, es sostenible, y más aún si permite la maduración de la unión. En la medida en que la crisis siga golpeando a los ciudadanos, el escepticismo frente a la integración, que se vio en 2005 con el rechazo de la constitución europea en Francia y Dinamarca, también tenderá a crecer. Una prueba de ello se observa en Francia, en donde el sentimiento antialemán ha aumentado y las alusiones al pasado bélico han crecido. Con lo cual los obstáculos seguirán siendo tan grandes como los posibles avances.

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