Llámese como se llame —»rescate light», «préstamo», «ayuda»—, lo de España fue una decisión anunciada.
La misma política de austeridad aplicada sin éxito en Grecia, Irlanda y Portugal ha deprimido a la cuarta economía más grande de la Eurozona, agravado sus problemas fiscales, profundizado el deterioro de su sistema bancario —donde originó la crisis—, espantado la confianza inversionista y amenazado la sobrevivencia de la moneda común. Entre los esfuerzos cantinflescos del presidente Mariano Rajoy por presentar el rescate como todo menos lo que es, la reacción tibia de los mercados bursátiles y el temor por los efectos perversos que podrá tener sobre la deuda pública, la dimensión humana de la hecatombe española ha quedado en el relativo olvido.
Con uno de cuatro españoles sin trabajo, la tasa general de desempleo es comparable a la de Estados Unidos durante los peores momentos de la Gran Depresión. En el caso de los jóvenes, a quienes la OIT se refiere como una posible “generación perdida”, dicha cifra asciende a más de 50%, cuatro veces mayor que el promedio mundial. Ante la imposibilidad de conseguir trabajo en su propia tierra, muchos han comenzado a migrar a otros destinos europeos y a América Latina.
De hecho, un 30% de la población manifiesta estar dispuesto a hacerlo. Así, de la misma forma que hordas de migrantes, muchos latinoamericanos, se han visto forzados a retornar a sus países de origen, en el primer trimestre de 2012 —según el Instituto Nacional de Estadística— 27.000 nacionales abandonaron España, el doble que durante el mismo período de 2011.
Esto no sólo ha producido cambios demográficos complejos sino que ha incidido también en el flujo de remesas. Las que envían los extranjeros residentes en España a sus parientes han disminuido ostensiblemente, hasta tal punto que comienzan a observarse remesas en sentido contrario, desde los países de origen hasta España. Y de igual manera, han crecido las remesas enviadas desde el exterior por los españoles que han emigrado.
De un importador neto de mano de obra especializada (y no especializada), poco a poco España se va convirtiendo en exportadora, sobre todo de jóvenes con altos niveles de capacitación. Como reflejo de ello, la comunidad científica ha advertido que el 25% de recortes realizados en investigación y desarrollo en el presupuesto nacional de 2012 puede precipitar una fuga de cerebros del país, lo cual afectaría la competitividad española hacia el futuro.
Otros grandes sacrificados de la crisis son los niños. Un informe reciente de Unicef sobre la infancia en el mundo afirma que 17% de los menores de edad en España viven por debajo del umbral de pobreza y se encuentran entre los sectores más afectados por la reducción en los servicios públicos y la asistencia del Estado. Además de ser los niños el grupo de edad más pobre de la población, España se identifica como el tercer país entre los 35 estudiados con menor capacidad para reducir la pobreza infantil.
Una verdadera bomba social y económica de tiempo frente a la que el discurso triunfalista del Gobierno sobre lo ocurrido ha suscitado el entendible rechazo de la población, que difícilmente ve en el rescate algo distinto a un atraco.