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Tchau, querida

19 de abril de 2016 - 10:48 p. m.

Brasil enfrenta tres crisis distintas pero interrelacionadas. Una corrupción rampante, cuyo caso insignia es la Operación Lava Jato, la red de sobornos, lavado de dinero y corrupción que saqueó alrededor de US$8.000 millones de las arcas de Petrobras. La peor recesión en un siglo con crecimiento de la inflación, el déficit y el desempleo. Y una crisis política en la que la aprobación de la presidenta Dilma Rousseff se ha desplomado, la protesta social se acrecienta y el fallido nombramiento del exmandatario Lula da Silva como jefe de gabinete para blindar a éste contra la justicia ha alimentado la hoguera opositora.

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No obstante, el juicio político en contra de Rousseff por ocultar el déficit fiscal con préstamos de los bancos estatales y su probable destitución no resolverá esta situación, ya que quienes enjuician a la mandataria lo hacen por todo menos que la defensa de la democracia. Entre las raíces de esta compleja sátira se destacan la normalización de la corrupción y el rechazo de los cambios económicos y sociales efectuados por el Partido de los Trabajadores (PT) durante sus trece años de gobierno.

En Brasil se registran 35 partidos, lo cual impone la construcción de coaliciones para hacer política. Ésta se ha hecho mediante la compra de favores, práctica que incentiva la corrupción. En la Cámara de Diputados que aprobó el impeachment contra Dilma, 60 % de los 513 miembros están siendo investigados, incluyendo su presidente, Eduardo Cunha, del mismo partido (el Movimiento Democrático Brasileño, PMDB) del vicepresidente Michel Temer, quien enfrenta un posible juicio por el mismo crimen fiscal de la presidenta. De allí que la queja que más se oye sobre Rousseff –escogida para suceder a Lula, pese a ser tecnócrata, porque los demás presidenciables del PT fueron a la cárcel por otro escándalo, el mensalão– es que “ela não sabe fazer política”.

En medio de un innegable descontento general, también es importante anotar que las protestas recientes en contra de la corrupción han sido en buena medida protestas antiPT. Según encuestas realizadas por Datafolha, éstas han sido de personas más blancas y ricas, y de mayor educación que el promedio, en un Brasil que sigue ostentando una de las mayores tasas de desigualdad del mundo. Una foto que se volvió viral en redes, y que muestra una empleada negra vestida de uniforme blanco, empujando un coche con los hijos de una pareja blanca que viste insignias antiDilma y que arrastra su perrito de raza, resalta las divisiones raciales y de clase que persisten en el país, pese a que las reformas introducidas por el PT sacaron a millones de la pobreza.

Así, el “tchau, querida” con el que muchos han celebrado la salida inminente de Rousseff no solo es antidemocrático, sino que oculta los problemas que este show dejará irresueltos y que podrá incluso profundizar.

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