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Alarmas eléctricas

10 de diciembre de 2011 - 08:00 p. m.

Desde hace tiempo, destacados expertos vienen diciendo, en voz baja, cosas preocupantes sobre el desajuste de variables claves y planteando dudas sobre la expansión del sector eléctrico colombiano.

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El tono subió de volumen cuando la prensa publicó las advertencias emitidas por una empresa clave del sector, que hablan de dificultades de la expansión de la generación y la trasmisión, y hacen llamados para que la planeación sectorial reasuma el papel protagónico que tuvo en el pasado.

¿Cuáles son los motivos de estas preocupaciones?

En primer lugar, los técnicos indican que al tiempo que la demanda está creciendo rápidamente, al ritmo de la economía nacional —lo que exige la entrada oportuna de varias plantas de generación en los próximos años—, se han cancelado varios proyectos, lo cual, como es obvio, a pesar de las nuevas convocatorias, dilata los plazos y las condiciones del necesario incremento de la oferta.

En segundo lugar, algunos expertos anotan fallas en los planes de expansión. Señalan indefiniciones y vacíos en parámetros de calidad, confiabilidad y seguridad. En su opinión, el Ministerio debe hacer explícitas estas variables, de tal forma que los distintos actores puedan tomar oportunamente las decisiones necesarias.

En tercer lugar, encuentran varios problemas en la expansión de las redes de transmisión nacionales y regionales que pueden dificultar el abastecimiento de segmentos importantes del país.

En cuarto lugar, anotan que el esquema del cargo por confiabilidad, creado después del apagón de los años noventa, orientado a garantizar el respaldo del sistema con plantas térmicas (que no dependen de los azares de los recursos hídricos), se ha venido debilitando de manera preocupante. Ante los problemas de abastecimiento de gas, apresuradamente se ha promovido el uso de combustibles líquidos, de tal forma que los costos de generación han subido de manera notable y se han alterado las señales del sector. Y, lo peor, no se han solucionado las restricciones al incremento de la oferta de gas y este sector, desde hace años, se mantiene en un estado de confusión y desorden normativo.

En quinto lugar, un grupo de expertos piensa que se ha ido abandonando la política de asegurar un sólido respaldo al sector por medio de plantas térmicas y se ha vuelto a promocionar de manera excesiva y antitécnica la generación hídrica, en buena parte como respuesta política y electoral a las presiones regionales, algo semejante a lo que ocurría en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

Todo lo anterior, concluyen los observadores, sólo pudo suceder por el serio debilitamiento del Ministerio de Minas, lo que hizo que el sector quedara en manos de reguladores intrusivos, con un sesgo cortoplacista, y al vaivén de un manejo político desordenado. Poco a poco, de esta forma, se fue desdibujando un sector eléctrico que llegó a ser un ejemplo en la región y se llegó a esta delicada situación, cuya rápida solución reclama la atención del Gobierno Nacional.

La buena noticia es que llegó al Ministerio una persona con todos los pergaminos y credenciales para hacer frente a una compleja situación que no a pocos ha tomado por sorpresa. El país debe esperar que el Gobierno le informe, con transparencia, la realidad y que, pronto, se tomen las decisiones que le den un timonazo a un sector clave en la vida nacional.

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