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Avances en la calidad de la educación

01 de septiembre de 2012 - 06:00 p. m.

AUNQUE LA COBERTURA EDUCATIva no está tan bien como se piensa, el problema central de la educación colombiana es su terrible calidad.

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Hay que emprender nuevos esfuerzos, además de apoyar lo que se está haciendo.

Un elemento central en la calidad educativa es la selección, evaluación y estímulo a los maestros. En 2002 se creó un instrumento: un estatuto docente para los maestros que se vincularan a la educación pública a partir de ese año. Dicho estatuto contiene mecanismos para escoger, evaluar y premiar el rendimiento de los docentes.

A pesar de que todavía estos instrumentos no se utilizan a plenitud, ya han producido resultados positivos sobre el aprendizaje de los estudiantes (la bondad de una política educativa hay que evaluarla por medio de los resultados sobre la educación de los niños).

El investigador Alejandro Ome, apoyado por el Fondo Germán Botero de los Ríos de Fedesarrollo, evaluó el impacto del nuevo estatuto docente sobre la educación de los niños en Colombia y encontró hechos interesantes (www.fedesarrollo.org.co).

En primer lugar, debido al nuevo proceso de selección, basado en el mérito personal, los docentes, los que se rigen por el nuevo estatuto, exhiben una mayor educación que los anteriores. Hasta hace poco los maestros colombianos en su mayoría eran apenas mediocres bachilleres o tenían una dudosa formación de normalistas.

En segundo lugar, ya se aprecia el impacto de los maestros vinculados con el nuevo estatuto sobre las pruebas de los niños de 5º y 9º grados (son mejores los resultados de las pruebas SABER de los estudiantes que son educados por los nuevos maestros).

En tercer lugar, en el lado negativo, las promociones de maestros todavía no se basan en el impacto de su trabajo sobre el aprendizaje de los alumnos. Sólo hasta ahora los rectores están comenzando a promover a los mejores maestros de acuerdo con su rendimiento en las aulas.

Los resultados de estos estudios, así como la literatura académica y las experiencias internacionales, señalan la importancia de utilizar a fondo y con mayor frecuencia y diligencia los instrumentos creados por el nuevo estatuto docente.

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Un esfuerzo paralelo debería hacerse con respecto a la formación de maestros. El sistema educativo colombiano estará condenado a mantener su pésima calidad si sólo los peores bachilleres se siguen vinculando a la carrera docente y si las facultades que los reciben siguen plagadas de malos profesores y currículos. Un gran revolcón en esta materia debería ser una de las prioridades del Ministerio de Educación.

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El ministro Juan Carlos Echeverry merece todo el apoyo por su disgusto ante los monstruosos sobrecostos de la Refinería de Cartagena. En lugar de criticarlo por exaltado, los medios de comunicación, la junta directiva y los organismos de control deberían, más bien, investigar por qué se emprendió ese dudoso proyecto; indagar por los estudios previos (diseños, factibilidad y análisis de costo-beneficio), discusiones técnicas y financieras que debieron justificar esta decisión. Se debería preguntar y entender por qué se contrató a una firma que nunca antes había construido una refinería.

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