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Banca central, política y politiquería

28 de abril de 2019 - 05:05 a. m.

El presidente Trump, con los ojos puestos en su reelección, está intentando nombrar a calanchines en la junta de la Federal Reserve, el banco central norteamericano. Y algo parecido está sucediendo en países como India y Turquía, gobernados por personajes autoritarios con ánimo reeleccionista. No es una coincidencia que una de las primeras acciones de Hugo Chávez, que ya anticipaba el caos de hoy, fuera destruir la independencia del Banco de Venezuela.

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En Colombia también ha estado en riesgo la independencia del Banco de la República establecida por la Constitución de 1991.

El primer desafío ocurrió en el gobierno del expresidente Samper, cuando se propuso una reforma legal encaminada a mutilar las facultades cambiarias de la Junta del Banco para trasladarlas al Ejecutivo. Esta iniciativa, por fortuna, fue desechada cuando ese gobierno se vio forzado a utilizar sus escasas energías en enfrentar el proceso 8.000.

Más adelante, en los tiempos del expresidente Uribe, se presentaron nuevos asaltos contra el emisor. Uno de ellos consistió en el intento de ese mandatario de fijar la tasa de cambio y asumir el manejo de las reservas internacionales, una propuesta inconstitucional que fue derrotada gracias a la valerosa resistencia de varios miembros del consejo de ministros. Después, dicho gobierno trató de nombrar en la Junta a personas que obedecieran dócilmente las orientaciones del Palacio de Nariño (algo parecido a lo que ahora intenta el presidente Trump), una maniobra que fracasó porque los escogidos no se prestaron para esa enormidad. Un destacado jefe gremial, con notables aptitudes políticas, por ejemplo, tuvo el buen tino de no aceptar la misión de defender los intereses de su sector desde el seno del banco central. Ante esta realidad, el gobierno tuvo que conformarse con la independencia del emisor y se limitó a enviarle repetidas exigencias públicas, airadas a veces, de que bajara las tasas de interés y produjera devaluaciones, ante las cuales la Junta se limitó a cumplir con su deber.

Con excepción de estos incidentes, los demás gobiernos han respetado la independencia del emisor. Los presidentes han nombrado directores bien capacitados, conscientes de sus responsabilidades y respetuosos de la misión del Banco. Inmediatamente después de proclamada la nueva Constitución, los primeros miembros de su Junta Directiva fueron economistas de gran reputación, con amplia experiencia académica y profesional, quienes le imprimieron un notable prestigio a la naciente institución. En los últimos lustros, la mayoría de los directores han sido profesionales más jóvenes, bien formados, muchos de ellos curtidos en el Viceministerio Técnico del Ministerio de Hacienda. En ocasiones recientes, el equipo de los directores se ha reforzado con economistas veteranos, como César Vallejo y José Antonio Ocampo, quienes han puesto su vasta experiencia y amplios conocimientos académicos al servicio de la política monetaria.

Aunque la reelección ya salió de la vida colombiana, nada permite asegurar que no habrá nuevos intentos por subordinar el banco central a los propósitos políticos de los gobernantes. Esta entidad solo estará a salvo cuando los partidos, los analistas y la opinión pública en general defiendan su independencia como uno de los pilares centrales de las instituciones colombianas.

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