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Educación Básica, 20 años

05 de junio de 2010 - 11:00 p. m.

LOS RECIENTES DEBATES EN ESTAdos Unidos, agitados por la historiadora Diane Ravitch, suscitan varias reflexiones sobre la trayectoria de la educación en Colombia en las últimas dos décadas.

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Este examen puede enfocarse alrededor de tres temas: (i) la organización de un nuevo sistema público a partir de 1991; (ii) sus profundos problemas de calidad y pertinencia, y (iii) las mediciones de desempeño de alumnos y maestros y la capacidad de los padres y jóvenes para escoger una institución escolar.

  El punto de partida es que Colombia construyó en los últimos 20 años un nuevo sistema educativo, financiado con el régimen de participaciones que ordenó la nueva Constitución. Con mayores recursos económicos y gracias a las correcciones que se introdujeron a finales de los años noventa, se ha alcanzado un gran incremento de cobertura y una sustancial mejoría de la eficiencia. Este esfuerzo se ha complementado con una selección más técnica de los maestros, la evaluación de su rendimiento y cierta mejoría de la infraestructura de los colegios públicos.

 Este sistema público, sin embargo, mantiene dos grandes vacíos. No existe un currículo moderno que refleje bien lo que  los jóvenes colombianos deben y necesitan aprender. Y buena parte de los maestros no tiene capacidad para desarrollar ese currículo (no pueden enseñar lo que no saben). La forma de  alcanzar el mayor aporte posible de los profesores, algo fundamental en el proceso educativo, es un problema que no ha sido resuelto en Estados Unidos y todavía no se ha enfrentado en nuestro medio.

   En Colombia se dieron algunos pasos en dos áreas que dominan la discusión norteamericana: la medición de resultados y la capacidad de padres y jóvenes de escoger una institución educativa.

  Los exámenes de Estado y la evaluación de los maestros es un logro indudable del esquema colombiano (la conversión del ICFES en una empresa industrial y comercial del Estado consolida este progreso). Falta desarrollar un modelo que permita utilizar en forma inteligente los resultados de las mediciones en la administración y mejoría de los colegios y las carreras de los docentes (¿qué correctivos deben introducirse a un colegio cuyos resultados son persistentemente desastrosos?).

 En cuanto a la capacidad de escoger, Colombia tuvo exitosas experiencias. Los colegios en concesión en Bogotá, bajo el modelo de charter schools, constituyeron un  experimento innovador que no se amplió por razones políticas. Las becas PACES, en su momento el mayor programa de vouchers del mundo, que fue evaluado exitosamente por académicos del exterior, también fue desechado (los vouchers fueron reemplazados por contrataciones de cupos, un sistema inferior, sin incentivos para mejorar la calidad).

El aporte de Cecilia María Vélez en las grandes iniciativas de los últimos veinte años fue decisivo. La ingeniería y reingeniería gerencial y financiera de todo el sistema público ha sido enorme. Falta un salto paralelo en materia del currículo y de formación y renovación de docentes. Es necesario retroalimentar, en forma racional,  el manejo de las escuelas con los resultados de las distintas mediciones y evaluaciones. Por último, es indispensable que en un sistema tan rígido como el colombiano, los padres y jóvenes tengan opciones para escoger. Hace falta más competencia entre las instituciones educativas.

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