Este año, el 31 de octubre, se celebran los 500 años de la publicación de las 95 tesis de Lutero en contra de la venta de indulgencias por parte de la Iglesia Católica, un hecho que en los años siguientes desencadenó la reforma protestante que transformó la vida de Europa y que, además de las religiosas, tuvo repercusiones políticas, culturales y económicas en todo el mundo.
Todo comenzó por un evento aparentemente menor. Como el papa se había empeñado en la construcción de la basílica de San Pedro y necesitaba dinero, como en otras oportunidades, decidió vender indulgencias. El negocio, que se resumía en “sonar las monedas en la caja y salir las almas del purgatorio”, hirió las convicciones de cristianos ilustrados, como Lutero y otros reformadores, y originó una serie de discusiones y protestas que finalmente dieron al traste con la unidad del cristianismo de Occidente.
El asunto de las indulgencias fue sólo el comienzo. Pronto la Reforma se extendió a otros temas, tuvo numerosos líderes y millones de seguidores en varios países. Cuestionó, entre otras cosas, la autoridad del papa, el celibato, el culto a la virgen, los santos y las reliquias, el número de sacramentos, la misa en los idiomas locales (distintos al latín).
La Reforma no habría podido ocurrir, con la eficacia y velocidad con que ocurrió, sin la imprenta, inventada unas décadas antes del pronunciamiento de Lutero. Con ella sus escritos llegaron en cuestión de semanas a las manos de miles de lectores en todos los rincones de Alemania y el resto de Europa (algo tan extraordinario entonces como lo es hoy el impacto de las redes sociales).
La histórica traducción de La Biblia al alemán no sólo fue un hito en materia religiosa, sino un paso fundamental en la formación de la nación alemana. Asimismo, Lutero popularizó los cantos religiosos, también en ese idioma, con el propósito de buscar la cercanía con la feligresía. Lutero y su movimiento pudieron sobrevivir a las persecuciones gracias a la protección de poderosos príncipes alemanes que buscaban la autonomía frente a Roma y el Sacro Imperio.
A la Reforma siguió la Contrarreforma, las medidas tomadas por la Iglesia, a partir del Concilio de Trento, para hacer frente al movimiento de Lutero y otros reformadores. España se convirtió en el brazo político y militar de la Contrarreforma y, a raíz de este hecho, ella y sus colonias se cerraron durante mucho tiempo al mundo moderno, una herencia que, en alguna medida, todavía pesa sobre la vida de los países de América Latina.
Ahora que se celebran cinco siglos de las tesis de Lutero se puede apreciar cómo, en ciertos aspectos, la Iglesia Católica, aunque tardíamente, ha adoptado algunas ideas del monje alemán. En los años 60 del siglo pasado aceptó, por ejemplo, la celebración de la misa en los idiomas locales. Y el mismo papa Francisco recientemente elogió algunos elementos del pensamiento de Lutero y reconoció que el papado del siglo XVI estaba carcomido por la corrupción y el “mundanismo”, y apegado al poder y el dinero.
En otros temas, como el matrimonio de los sacerdotes, sin embargo, las jerarquías católicas seguramente se tomarán otras décadas para adoptar las propuestas centenarias del reformador alemán.
Scott H. Hendry (2015), Martin Luther: Visionary Reformer, London and New Haven, Yale Universiy Press.