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El ocaso de la Vuelta a Colombia

01 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

En los años 50, 60 y 70 del siglo pasado, la Vuelta a Colombia fue un gran acontecimiento deportivo, pero, sobre todo, un enorme espectáculo de masas. Los más reconocidos ciclistas de la época (Ramón Hoyos, Cochise o Álvaro Pachón) fueron héroes populares, como hoy lo pueden ser James o Nairo. Con el paso de los años, sin embargo, la Vuelta perdió importancia y llegó a ser irrelevante.

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Al observar las claves del éxito de la historia del Tour de France y comparar sus fundamentos económicos con los de la prueba colombiana, se encuentran cuatro razones interrelacionadas que explican el declive de la Vuelta a Colombia:

(i)La Vuelta a Colombia fue un mecanismo efectivo para incrementar la audiencia de la radio, consolidar las crecientes “cadenas” nacionales de emisoras y vender una pauta que apuntaba a promocionar productos en todo el mercado colombiano. Con el ascenso y consolidación definitiva de la televisión en los años 70 se debilitó el principal instrumento de difusión del ciclismo, que con sus transmisiones móviles conectaba, minuto a minuto, a los pedalistas en la carretera con los colombianos en todo el país.

(ii)La economía de la Vuelta a Colombia ha sido precaria. Nunca pudo superar un círculo vicioso: por una parte, la pauta en la radio y los limitados patrocinios comerciales no permitían sostener financieramente un evento deportivo de gran magnitud y calidad, y, por otra, el pequeño tamaño y la escasa significancia de la competencia hacían imposible atraer recursos monetarios suficientes para asegurar el despegue comercial de la Vuelta.

(iii)La Vuelta a Colombia fue un evento deportivo importante, pero circunscrito a los límites de un país pequeño y bastante cerrado a la competencia internacional. Se basaba en rivalidades entre las regiones del país, con algunas figuras locales y una escasa participación de ciclistas de otros países. Más adelante, a medida que los ciclistas colombianos comenzaron a involucrarse en las competencias externas (primero Cochise, después Herrera y Parra), se relativizaron las pequeñas luchas entre los departamentos y los campeones locales. Cuando el país se interesó en la confrontación de sus ciclistas con las grandes figuras del mundo, la mediocre Vuelta doméstica dejó de ser atractiva (en estos días, los mejores ciclistas nacionales ni siquiera participan en la contienda local).

(iv)Al ser un fenómeno basado en la competencia entre ligas departamentales y algunas marcas locales, la Vuelta convocaba a decenas de ciclistas que, en la práctica, eran aficionados o semiprofesionales. Como no podían vivir exclusivamente del ciclismo, muchos no dispusieron de las condiciones económicas necesarias para que su desempeño alcanzara un nivel de excelencia. El gran talento de esos deportistas sólo se pudo desarrollar con la financiación de equipos profesionales que les otorgan los incentivos económicos para lograr el máximo rendimiento en competencias internacionales.

Será muy difícil que la Vuelta a Colombia pueda gozar de nuevo del prestigio que tuvo hace más de 40 años. Continuará siendo, por lo tanto, un buen recuerdo de una época que no volverá.

(Estas notas tuvieron como referencia el documento de Jean-François Mignot, “An Economic History of the Tour de France, 1903-2015”, HAL, archives-ouvertes).

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