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Inundación e instituciones

16 de enero de 2011 - 01:00 a. m.

ALGUNOS ESPECIALISTAS PIENSAN que sin la construcción improvisada de tantos diques en la zona media de los ríos Magdalena y Cauca en los años pasados, es posible que las inundaciones de Bolívar y Atlántico hubieran sido mucho menos graves.

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El argumento es simple. Si, a punta de diques, se impide que un río se desborde moderadamente en las áreas de amortiguación de su zona media, cuando su nivel sube con las lluvias, llegará encañonado aguas abajo, con un caudal enorme, y arrasará todo lo que encuentra a su paso.

El gobierno pasado les puso diques a pueblos y propiedades al alegre ritmo de los consejos comunales. Se defendían poblaciones y fincas, pero no se tenía en cuenta que el agua que no entraba a las zonas planas del Magdalena Medio se lanzaba, agigantada, hacia la región Caribe. Tampoco se consideraba que, con frecuencia, cuando se protege un terreno cultivado, es a costa de la inundación de las poblaciones de más abajo.

La misma Cormagdalena se ufana de que ha construido cientos de kilómetros de diques desde 2006. El Invías de Andrés Uriel también fue activo en esa materia. Todo esto, según los entendidos, se hizo apresuradamente, sin un modelo integral del manejo de la cuenca (sin estudios previos, con frecuencia, las licitaciones invitaban a “diseñar y construir” las obras).

El manejo de las aguas ya está inventado. Mediante un complejo sistema de canales, los zenúes permitían la inundación de amplias zonas para absorber en forma ordenada las crecientes del invierno. En varios países europeos se prevén desbordes moderados y programados en las zonas de amortiguación de los ríos, precisamente para evitar los represamientos masivos que inundan los tramos más bajos.

Colombia también lo hizo bien en el pasado. A raíz de las graves inundaciones de comienzos de los años setenta, se emprendió el famoso proyecto colombo-holandés, por medio del cual se puso en marcha un sofisticado Plan Maestro que guió durante varios años las intervenciones en las cuencas del Magdalena y el Cauca. Con la desaparición de varias entidades, la politización de las corporaciones regionales, el afán y la improvisación de los políticos y contratistas y la ausencia de una autoridad central en materia de cuencas, se abandonó el manejo técnico y ordenado de estos asuntos.

Los necesarios planes de reconstrucción no solucionan muchos de los asuntos de fondo. Es indispensable prevenir, en lo posible, los problemas del futuro. El Plan de Desarrollo debería crear una nueva institucionalidad que elimine de raíz la intervención miope, fragmentada y antitécnica de numerosas corporaciones regionales e institutos nacionales en la cuenca del Magdalena y otros ríos. Se deben establecer planes maestros que obliguen al Invías, a los municipios y a las corporaciones regionales a realizar sus inversiones en forma coordinada, de acuerdo con una visión técnica centralizada que se guíe con modelos hidráulicos de las cuencas.

No se debe descartar la idea de crear un departamento administrativo que se constituya en la única autoridad técnica en el manejo de las cuencas que atraviesan varias regiones y que están a cargo de varias corporaciones regionales. Esta entidad, con criterio nacional, debería establecer los planes maestros, contratar la preinversión y crear una normatividad que regule el manejo integral de las principales cuencas.

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