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La caída del narcomadurismo

07 de julio de 2017 - 10:30 p. m.

Ahora que Maduro y sus secuaces han cerrado las vías electorales y se aprestan a perpetuarse en el poder por medio de una Asamblea Constituyente, resulta interesante analizar, de la mano de los escritos de Lawrence Freedman, un experto mundial en estrategia, y a la luz del pensamiento de algunos revolucionarios que él reseña, los caminos que podría seguir la oposición para lograr la restauración de la democracia en Venezuela.

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El punto de partida consiste en reconocer que la oposición no quiere ni puede intentar el uso de la fuerza. Por este motivo, Freedman nos recuerda que Engels, al final de sus días, al desconfiar de las posibilidades de lucha frente a los militares europeos, recomendaba, más bien, que se fomentaran las dudas en la mente de los soldados sobre la moralidad y justicia de las causas que defendían, en busca de que, eventualmente, no abrieran fuego contra sus propios conciudadanos. El ataque de un helicóptero de la Policía contra la Corte de Justicia de Venezuela, un órgano de bolsillo del régimen, alienta la esperanza de que esto ya esté sucediendo y que en el futuro se resquebraje la unidad de las fuerzas militares, responsables del asesinato de más de 90 personas que protestaban contra la dictadura.

Por otra parte, ante la incapacidad militar de los revolucionarios, Rosa Luxemburgo defendió la estrategia de los paros como una maniobra para presionar a los gobiernos, fomentar la radicalización y propiciar nuevas formas de organización popular. Al respecto, no hay duda de que las manifestaciones masivas en las calles de Caracas y otras ciudades han causado confusión en el Gobierno, unificando a las mayorías y alentando su voluntad de lucha (incluso parecen haber tenido un impacto en la posición de la fiscal Ortega contra el Gobierno).

Una de las orientaciones centrales de las protestas venezolanas es la no-violencia, una estrategia que se remonta a Thoreau, Tolstoy y Gandhi y los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos. Cuando, frente a la televisión, se contrasta la dignidad de la protesta pacífica con la violenta represión oficial, se expone su brutalidad y se agiganta la brecha entre el Gobierno y los gobernados. El testimonio inapelable de las cámaras sobre los sangrientos abusos de los militares y paramilitares chavistas deslegitima a Maduro y sus cómplices ante la comunidad de todo el mundo.

La dimensión internacional de la lucha es un elemento que ninguna estrategia exitosa puede olvidar. En esta materia, se debe recordar que el repudio internacional y las sanciones económicas y políticas fueron muy importantes en el fin del Aparheid. El activo rechazo al régimen chavista, por medio de acciones concretas de distintos gobiernos, empresas y ONG de todo el mundo, apenas comienza; puede extenderse y seguramente se profundizará en los próximos meses.

Una activa combinación de los elementos anteriores puede conformar una exitosa estrategia, progresiva y gradual, de desgaste y desmoralización del gobierno chavista (semejante a una guerra de atrición o desgaste) para lograr que aparezcan grietas en su estructura y, finalmente, se presenten circunstancias propicias para asegurar su derrumbe definitivo. Millones de personas, amantes de la libertad y la democracia, buscan ese objetivo.

Lawrence Freedman (2013), Strategy, A History, Oxford University Press.

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