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La compra de dólares

18 de agosto de 2012 - 06:00 p. m.

SEGÚN EL ESTUDIO DE LEONARDO Maugeri “Oil: The Next Revolution, The Unprecedented Upsurge of Oil Production Capacity and What It Means for the World” .

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SEGÚN EL ESTUDIO DE LEONARDO Maugeri “Oil: The Next Revolution, The Unprecedented Upsurge of Oil Production Capacity and What It Means for the World” (belfercenter.ksg.harvard.edu), el precio internacional del petróleo podría desplomarse de sus niveles actuales en un plazo tan cercano como 2015 o tan lejano como el año 2020. Esta sería la consecuencia de un gran crecimiento de la oferta, resultado de las gigantescas inversiones en exploración y producción de estos años, especialmente en Estados Unidos, donde, por los altos precios, se han estado utilizando en forma creciente nuevas tecnologías.

El precio del crudo podría descender por debajo de los US$70 por barril. Sin embargo, cuando se alcance dicho nivel, numerosos proyectos marginales —pequeños o rentables sólo a precios muy elevados— tendrían que suspenderse y, por lo tanto, en ese momento se daría una reducción de la oferta que impediría mayores caídas de los precios.

De cumplirse estas proyecciones, los efectos para Colombia serían significativos. El país se quedaría sin una parte considerable de los recursos que hoy genera el petróleo, y tampoco tendría sus fuentes tradicionales de ingresos fiscales y cambiarios.

El problema consiste en que el auge actual se ha considerado como permanente y, por lo tanto, la economía colombiana se ha venido transformando aceleradamente a la imagen y semejanza de las de los países petroleros tradicionales. Los ingresos del Gobierno dependen considerablemente de la tributación y las utilidades extraordinarias del petróleo. La participación de la industria y la agricultura, así como la de buena parte de las exportaciones no tradicionales, ha declinado dentro de la producción nacional. El peso colombiano, a punta de una gran revaluación de largo plazo, se ha convertido en una moneda fuerte, típica de los petropaíses.

Si, en unos años, caen los recursos petroleros, el Gobierno podría encontrarse en dificultades, especialmente porque, con la holgura de hoy, se están haciendo cuantiosos compromisos de gasto para el futuro. Las simulaciones fiscales de largo plazo que consideran escenarios con precios del orden de US$70 por barril indican que el déficit del Gobierno Nacional podría ser superior al 3% del PIB (siempre y cuando la producción del crudo sea, por lo menos, un 50% por encima de la de hoy).

En el sector externo también habría dificultades. Como las exportaciones manufactureras y agrícolas estarían disminuidas por la revaluación, no sería posible recuperar en poco tiempo los mercados y las oportunidades perdidas a lo largo de dos décadas.

Este tipo de escenarios de los precios del petróleo —que bien podrían cumplirse— debería alertar al país sobre la necesidad de mantener una estructura fiscal sólida, sustentada en una amplia base tributaria, tasas impositivas simples, uniformes y sin exenciones. Lo ideal es que Colombia produjera unos resultados fiscales superavitarios en estos años de bonanza transitoria. De esta forma, la política fiscal podría soportar una tasa de cambio real consistente con una estructura balanceada de la producción nacional en el largo plazo. Este, entre otras cosas, es el mensaje que ha emitido desde hace años el Banco de la República. Sin una visión de esta naturaleza, toda la discusión, infortunadamente, se centra en asuntos como el monto de la compra de dólares en el mercado.

 

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