El tema de la creciente distancia entre un puñado de ricos y el resto del país domina la campaña electoral de Estados Unidos. El contraste entre el 1% y el 99% de la población fue uno de los puntos de los indignados de Wall Street.
Hace unas semanas, Alan B. Krueger, jefe de los consejeros económicos de la Casa Blanca, en un discurso sobre este asunto, bautizó la curva de Gatsby (Jay Gatsby fue el personaje de la célebre novela de Scott Fitzgerald que describe la aventura de un joven pobre que, a punta de negocios ilegales, llega a ser millonario y alcanza transitoriamente el amor de una joven millonaria. Su posterior caída simboliza el fracaso del “sueño americano”: el mito de que cualquier persona, no importa su origen, a punta de esfuerzo puede ser exitosa, millonaria e incluso presidente de la república).
La curva de Gatsby muestra una relación directa entre la desigualdad económica de un país —un retrato de las diferencias de ingreso entre sus habitantes— y la movilidad social, es decir, el grado en que los ingresos y la educación de una persona son determinados por los ingresos y la educación de sus padres. Si la desigualdad es baja, como en Suecia, Dinamarca o Finlandia, son más altos los chances de que los hijos de los pobres, con mala educación dejen de ser pobres y alcancen un mayor nivel educativo que sus padres. En el otro extremo, si la desigualdad es elevada, como en Brasil, Chile y Perú, son bajas las probabilidades de que los hijos de los pobres no sean pobres y que los hijos de gente sin educación lleguen a ser educados.
Krueger piensa que, dado que la desigualdad de Estados Unidos ha aumentado en forma sustancial en los últimos años, la movilidad social seguirá disminuyendo y así se seguirá marchitando el sueño americano.
Colombia se ubica en la parte más desfavorable de la curva de Gatsby. La medida de la desigualdad de la distribución del ingreso, el llamado índice de Gini, con niveles de 0,58, es una de las peores del mundo. Y la relación entre el ingreso de los padres y los hijos es comparable con la de Perú o Brasil (más que duplica la de los países del norte de Europa). En Colombia los hijos de los pobres, con raras excepciones, están condenados a ser pobres.
Sólo con políticas activas, bien concebidas, un país puede disminuir la desigualdad de la distribución del ingreso y aumentar la movilidad social. Un elemento fundamental de esta tarea —que también debe incluir políticas de ingreso y gasto público, además de la decisión de hacer realidad el principio de igualdad y no discriminación— es la formación de las personas, desde la primera infancia, la primaria y el resto del proceso educativo. Se requiere un enorme esfuerzo para hacer que la educación de los hijos de los pobres tenga una calidad semejante a la que reciben los hijos de los más ricos. Estamos lejos de ese objetivo.
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¿Quién es el Gatsby colombiano? Algunos aventureros exitosos, al igual que Gatsby y los jefes de los carteles de Medellín y Cali, han caído. Otros, narcotraficantes, contratistas y políticos venales, de orígenes económicos modestos, han alcanzado cuantiosas fortunas y todavía mantienen cierta aceptación. Es difícil saber quién es el que más se parece al Gatsby triunfante, el anfitrión de las fiestas fabulosas en su mansión de Long Island, pero intuyo que puede tener una enorme casa en Cartagena.