Encuestas periódicas como Colombia Opina, realizada por Ipsos a comienzos de este mes, muestran que los colombianos manifiestan que los principales problemas que afectan su vida y la de sus familias son, en su orden, el desempleo, la inseguridad ciudadana, el costo de vida y la creciente corrupción.
Llama la atención que la violencia (“no hay paz”, en la terminología de la encuesta) sólo aparece en el quinto lugar.
Con el creciente deterioro del empleo y la inflación, la iniciativa bandera del Gobierno, la firma de la paz con las Farc en La Habana, no corresponde a ninguno de los cuatro problemas más sentidos por la población. Cuando se agrupan los problemas en grandes temas, los de naturaleza económica son centrales y crecientes (el 80% de los encuestados considera que la situación económica es mala o muy mala).
Este resultado no es sorprendente. El aumento del costo de vida o la pérdida del empleo son padecimientos concretos, centrales en la vida de las personas y sus hogares, mucho más tangibles e inmediatos que asuntos como el curso de las lejanas negociaciones de paz, cuyas consecuencias sobre la vida diaria de muchos de los encuestados no son inmediatas ni predecibles.
Por estas razones, seguramente, la aprobación del desempeño del presidente Santos en materia del manejo de la economía es menor al 20%. En cambio, la calificación del mandatario en materia de paz es mayor, del orden del 30% (aunque también ha caído en los últimos meses).
Otros resultados de estas encuestas, en cambio, sí llaman la atención. Al mismo tiempo que la gente reporta que la violencia es un problema relativamente secundario en sus vidas, se muestra bastante pesimista sobre la conclusión de los acuerdos de La Habana (el 88% de los encuestados considera que las negociaciones no terminarán en forma exitosa). Cuando se miran en forma conjunta estos resultados, parecería que los encuestados no ven en un eventual fracaso de las negociaciones una amenaza para sus propios intereses y los de sus familias.
Es posible que la gente haya “chuleado” los asuntos de las Farc —es decir, que haya relegado de sus principales preocupaciones las dificultades causadas por este grupo guerrillero—, porque, además de considerarlos como relativamente remotos, piensa que lo que se iba a lograr en materia de menor violencia ya se consiguió con el cese del fuego bilateral que, de facto, rige desde hace varios meses (la gente sabe también que, con una perspectiva de largo plazo, la capacidad militar de las Farc ya estaba disminuida antes del comienzo de las negociaciones, principalmente por los golpes que les propinaron las Fuerzas Militares durante varios años).
Si los problemas económicos continúan complicándose y se mantienen en el centro de las preocupaciones de la gente, será cada vez más difícil que la ciudadanía ofrezca un respaldo prioritario y preferencial a otros asuntos, por meritorios e importantes que ellos sean. Por afectar directamente su bolsillo, la carestía de la vida y el desempleo, como hemos insistido, tendrán prelación sobre otros temas. La consecución de resultados positivos en la lucha contra la inflación y la desaceleración de la economía serán un factor decisivo para el bienestar de los ciudadanos, su percepción sobre el desempeño de los gobernantes y el apoyo que les brinden a sus distintas iniciativas.