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Malestar, pesimismo y progreso

10 de marzo de 2018 - 09:00 p. m.

Existe una gran brecha entre el enorme malestar de los colombianos y la realidad de su situación económica y social, especialmente dentro de una perspectiva de mediano y largo plazo.

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La información de las encuestas es reveladora. Cerca del 80 % de la gente piensa que el país va por mal camino y un alto porcentaje tiene un pésimo concepto de la mayoría de las instituciones y de sus principales líderes, incluyendo a varios de los que puntean en las encuestas presidenciales.

Las cifras sugieren que el nivel de pesimismo y el malestar son independientes de los indicadores del progreso del país. No sólo no se ha producido en estos años un empeoramiento de la calidad de la vida, sino que, si se miran las cifras a lo largo de más de 100 años –en variables como ingreso, pobreza, educación, servicios sociales, esperanza de vida, mortalidad infantil, entre tantos otros–, se encuentra que Colombia no ha tenido antes una situación mejor que la de estos años (lo que no quiere decir que no subsistan graves problemas y deficiencias). Al respecto, estudios independientes, como el de Jaramillo, Meisel y Ramírez, del Banco de la República, sobre el desarrollo humano en el largo plazo, ratifican estos planteamientos. Se podría decir, como dijo Barack Obama hace unos años sobre el mundo, que nunca ha existido una mejor época para nacer en Colombia que en la actualidad.

Cuando se buscan las causas de la notable brecha entre el malestar de la gente y su situación económica y social, rápidamente se encuentra el impacto desmoralizador de la enorme ola de corrupción que ha afectado a todas las ramas del poder. También se señala el destructivo efecto de la polarización política, así como el clima de acusaciones y señalamientos que han rodeado la discusión pública en los últimos años.

Esta paradójica situación también nos recuerda los escritos de Samuel Huntington de hace más de 60 años, donde planteaba que el malestar y la insatisfacción social podían ser la consecuencia de la misma modernización y el progreso económico. Huntington decía que la reducción de la pobreza y la ampliación de las clases medias elevaban las expectativas y aspiraciones de millones de personas, con ansiedad por mantener y mejorar sus logros, y frecuentemente frustradas por circunstancias que antes, en medio de la pobreza, consideraban tolerables. Insistía, asimismo, en que el problema de fondo radicaba en que el rezago de las instituciones frente al acelerado cambio económico y social impedía que se dieran respuestas adecuadas a las exigencias de la población y, en consecuencia, creaban las condiciones necesarias para la generalización del malestar y la inestabilidad.

Estos planteamientos de Huntington podrían contribuir a explicar el descontento de los colombianos. Se podría pensar, por ejemplo, que el primitivo sistema político del país, plagado de clientelismo, corrupción y prácticas nauseabundas, se ha atrasado enormemente frente a una sociedad cada día más moderna, más educada, bien informada de los avances de otros países y con exigencias crecientes de eficacia, transparencia y responsabilidad en el manejo de los asuntos públicos.

Juliana Jaramillo, Adolfo Meisel y María Teresa Ramírez (2018), More Than Hundred Years of Improvement in Living Standards: The Case of Colombia. Borradores de Economía, No. 1027; Banco de la República.

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