Colombia se benefició de la enorme prosperidad de China de la década del año 2000. La gran demanda de ese país estimuló el crecimiento de los precios de los commodities, entre ellos el petróleo y el carbón, lo que, a su vez, impulsó el crecimiento de Colombia y las demás economías de América Latina. Sin embargo, a partir de 2011 se ha venido dando el fenómeno contrario.
Está disminuyendo la tasa de crecimiento de China y, por esa vía, han caído los precios de las materias primas y se ha frenado la expansión económica de la región latinoamericana (en el caso del petróleo, el gran aumento de la oferta del crudo en EE.UU y otros países también ha sido un factor determinante del desplome de su precio).
En la semana que pasó, la atención de los analistas se distrajo de la solución de la crisis griega y se concentró en los serios problemas de las principales bolsas de valores de China, y se plantearon numerosos interrogantes sobre el futuro del gigante asiático.
Lo que sucedió fue dramático. En sólo seis semanas las principales bolsas de valores chinas cayeron en picada, entre un 30% y un 40%, en medio de un pánico que, durante varios días, no pudo ser contenido por los llamados a la calma y las apresuradas medidas del Gobierno. Cundió la alarma. Las bolsas asiáticas y los precios de numerosos commodities se desplomaron. La situación fue artificialmente controlada por la orden del Gobierno a las empresas estatales de adquirir acciones y la prohibición a los grandes accionistas de venderlas durante seis meses.
Algunos observadores, entre ellos los del Gobierno de Estados Unidos, expresaron su preocupación sobre la capacidad del Partido Comunista para intervenir en los mercados y, en particular, sobre el posible deterioro del crecimiento de largo plazo de esa economía. Otros, aunque aceptan la conocida declinación del dinamismo chino, piensan que las principales proyecciones de crecimiento, empleo e inflación por ahora no se verán alteradas por las turbulencias de sus mercados de valores.
La realidad es que desde hace varios años se ha venido desinflando el crecimiento de China. En este año el PIB crecerá cerca del 6%, la menor tasa en 25 años; y en 2016 se espera un resultado parecido. Esa economía sufre, además, de profundos desequilibrios internos, entre ellos grandes burbujas en los mercados de finca raíz, crédito y valores, un serio reto para sus autoridades. El episodio de las bolsas dejó muchos interrogantes sobre el futuro económico de este país.
Estas no son buenas noticias para Colombia y otros exportadores de materias primas. Sin la pujante demanda china y con la debilidad de la de otras importantes economías, todavía convalecientes de la crisis de 2008, será imposible que los precios de exportación se recuperen en los próximos años.
Lo más serio, sin embargo, es que las alarmas griegas y chinas, por ahora controladas por las autoridades, nos deben obligar a encarar el déficit en cuenta corriente que llegó al 7% del PIB en el primer trimestre, un desequilibrio que trae riesgos enormes para la economía (un choque externo que corte el flujo de capitales hacia Colombia tendría un serio impacto sobre la actividad económica doméstica). Es imperativo tomar todas las medidas necesarias, especialmente en el campo fiscal, para reducir el peligroso desequilibrio externo.