EN MEDIO DE LOS DRAMÁTICOS anuncios sobre el deterioro de las cifras fiscales y los serios interrogantes sobre los proyectos de transporte masivo en Bogotá, han aparecido, otra vez, con planteamientos serios y ponderados, los buenos técnicos económicos del Gobierno Nacional.
El equipo del Ministerio de Hacienda ha producido un documento importante sobre la situación fiscal de 2010, cuya conclusión central, a los ojos de sus lectores, es que el Gobierno no puede seguir haciendo promesas que no puede cumplir. Quien comprende el lenguaje de los economistas entiende que los técnicos piensan que los subsidios de Familias en Acción no pueden seguir aumentando y que deben moderarse las promesas de infraestructura que se realizan todos los sábados.
Y los técnicos de la unidad de infraestructura y el propio subdirector saliente del DNP están haciendo una serie de preguntas y cuestionamientos a la ciudad de Bogotá sobre el proyecto de construcción de su metro. A nombre de la Nación, que ya está comprometida a pagar la gran mayoría del proyecto, estos profesionales están cumpliendo con el deber de asegurarse que los políticos no se van a feriar la plata de todos los colombianos.
Con estas actitudes de los profesionales del Gobierno se contradicen las opiniones que señalan que una de las consecuencias del desmesurado crecimiento del poder del Presidente de la República fue la devaluación definitiva de las instituciones encargadas del manejo económico. Quienes así piensan han hablado del “DNP en liquidación” y de un Ministerio de Hacienda dócil, refundido y confundido en medio de la ambiciosa agenda de la Casa de Nariño.
Los buenos técnicos del Gobierno Nacional no han capitulado. Sin ambigüedades le están exigiendo a todo el sector público que se ajuste el cinturón y que se cumplan las normas sobre la calidad de la inversión pública. Este es un hecho que debe estimular la confianza de los inversionistas. Lo peor que le hubiera podido pasar a la economía habría sido que a la recesión y la crisis se les hubiera sumado un manejo irresponsable y populista de la economía.
La existencia de un competente equipo de profesionales a cargo del manejo de la economía y las finanzas públicas es uno de los patrimonios del Ejecutivo, independientemente de su coyuntural orientación política. Así como debe existir un sistema judicial eficiente y un buen grupo de reguladores de los servicios públicos, sin importar si los gobiernos son de izquierda o de derecha, los técnicos del Ministerio de Hacienda y del DNP deben cumplir, en todas las circunstancias políticas, con su deber respecto al manejo de los escasos recursos públicos.
Cuando los técnicos se atreven a decir las cosas que sus jefes no quieren oír, están poniendo en vilo su propia permanencia en la burocracia. En forma implícita, están planteando que, si no son escuchados, no tiene sentido que continúen en sus puestos. Esta posición, digna y consecuente, ya ha sido asumida antes en Colombia y muchos otros países por docenas de profesionales de la economía. Los técnicos del Gobierno merecen el respeto y la atención de los políticos, quienes deben entender que esos profesionales, que los limitan y los frenan, hacen parte de los necesarios contrapesos institucionales, cuyo objetivo es, precisamente, velar por los intereses de largo plazo de la sociedad.