Después del preocupante comienzo de año –cuando el precio del petróleo apuntaba a US$20 por barril, la tasa de cambio rozaba los $3.500, la inflación parecía desbordada y el país se llenaba de proyecciones pesimistas–, el primer trimestre de 2016 terminó con algunos signos tranquilizantes.
Se subió el precio del petróleo a casi US$40, el dólar se acercó a los $3.000, las bolsas tuvieron un alza del 15,8 %, las tasas de los TES cayeron más de 100 puntos básicos y también se redujo el riesgo país. ¿Qué pasó?
Gran parte del alivio tuvo un origen externo. Además del alza del precio del petróleo, cayó el pesimismo de los mercados sobre la suerte de los países emergentes, y algunos capitales, antes ahuyentados y reticentes, volvieron a fluir hacia ellos. Esto, en buena medida, ha sido la consecuencia de que, ante el estancamiento económico, la política monetaria de Europa y Japón se ha relajado aún más y la Reserva Federal está dando signos de que no continuará con el alza en sus tasas. Todas las monedas relevantes de América Latina, desde el peso chileno hasta el mexicano, se apreciaron. Incluso, el real, a pesar de la gran crisis de Brasil, tuvo el mismo desempeño (al respecto, el ministro Cárdenas anunció que la colocación de US$1.000 millones de TES entre inversionistas extranjeros contribuyó a la revaluación del peso y a la valorización de esos títulos).
Pero también varias cosas han salido mejor de lo esperado en la economía colombiana. La actividad productiva ha seguido, más o menos, con la misma dinámica que traía a finales de 2015. Los datos de empleo de febrero muestran que la demanda interna mantiene cierta fortaleza, sin la debilidad que se preveía en algunas proyecciones. Y los mercados y analistas alarmados por los desequilibrios macroeconómicos se tranquilizaron con los reiterados anuncios del Gobierno de que ahora sí está comprometido con sacar adelante una reforma tributaria que termine por despejar la incertidumbre fiscal de los próximos años.
Incluso las noticias recientes sobre las negociaciones en La Habana han contribuido a mejorar las expectativas económicas. Con las dificultades para acordar los puntos relativos a la dejación de las armas y la concentración de la guerrilla, es posible que las negociaciones en Cuba se dilaten hasta el final del año y, en consecuencia, que el plebiscito, si es que llega a darse, tendría lugar sólo en los primeros meses de 2017. El Gobierno, por lo tanto, tiene vía libre para llevar la reforma tributaria al Congreso a comienzos del segundo semestre.
Estas noticias, sin embargo, no se pueden interpretar como que el panorama ya está despejado. En el plano internacional, la fuerte desaceleración de China y el estancamiento europeo siguen gravitando sobre la economía mundial. El precio del petróleo, aunque algo mejor, sigue siendo ruinoso para algunas economías. Las cotizaciones de muchos commodities, así mismo, siguen deprimidas. En el vecindario, Brasil y Venezuela están en proceso de implosión política y económica. En Colombia se mantiene la incertidumbre sobre temas cruciales como el déficit externo y la inflación. Y, finalmente, las noticias del DANE sobre precios del próximo martes nos mostrarán si el Emisor tendrá que seguir elevando sus tasas o si, por el contrario, ya se acerca la hora de la pausa en su política de alzas graduales.