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Y la noche que llega…

18 de octubre de 2014 - 11:00 p. m.

LAS NOTICIAS INTERNACIONALES están dominadas por los temores a una nueva recesión mundial y las posibilidades de una pandemia de ébola.

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Y ante tantas preocupaciones, algunos funcionarios están cayendo en cuenta, por fin, de que Colombia no es una fortaleza protegida de los males del mundo.

Por todos lados los resultados económicos son malos y hay indicios de que pueden empeorar. La economía china se desaceleró, Brasil está en recesión, Alemania tuvo un trimestre negativo y toda Europa puede recaer. Se viene una nueva ola de desalentadoras proyecciones de crecimiento.

Numerosos indicadores confirman estas apreciaciones. El precio del petróleo baja en forma abrupta. Lo mismo pasa con las principales bolsas y las cotizaciones de productos como el trigo, el maíz, el carbón y muchas materias primas. La gente se refugia en los papeles del gobierno de Estados Unidos, cuyos precios suben alentados por el temor.

En una rara coincidencia, a los sustos económicos se les ha unido el pánico por el ébola. Un virus que parecía confinado al África occidental se ha comenzado a esparcir, a través de un puñado de viajeros, a España y Estados Unidos. Algunos se han salvado, otros han muerto, pero se contagiaron varios enfermeros. Y están en cuarentena cientos de personas. Los anuncios de que todo está controlado son desmentidos por las noticias y las reuniones de emergencia de Obama y otros presidentes. La incertidumbre se acrecienta con la memoria de plagas pretéritas y ciertos anuncios de corte apocalíptico (por lo pronto, algo sufren las aerolíneas y el turismo).

Y Colombia, que hasta hace unos meses flotaba despreocupada en una burbuja de optimismo prefabricado, está despertando a la realidad. La baja del precio del crudo y otros productos nos han puesto los pies en la tierra. Apareció el hueco fiscal y comenzaron a caer las proyecciones de crecimiento. Más allá del buen resultado del conjunto 2014, el PIB del último trimestre estará expandiéndose a un ritmo menor al 4% anual y al terminar marzo de 2015 la tasa de crecimiento será incluso inferior.

Como en otras oportunidades, sólo ahora caemos en cuenta de que la transitoria bonanza no se aprovechó bien. Los grandes proyectos de modernización en educación e infraestructura, en realidad, no han comenzado. Apenas se han diseñado o, en el mejor de los casos, licitado y adjudicado, pero están por hacerse. Estas iniciativas tendrán que impulsarse en medio de las dificultades de los próximos años.

Como era previsible, se anunció que Colombia está preparada para el ébola. A los viajeros que llegan al país ya se les pregunta sobre sus viajes a África y pronto, seguramente, serán interrogados sobre su paso por Atlanta o Dallas. Pero no se sabe lo que sucederá cuando llegue alguien con fiebre y se sospeche que está infectado. Sólo entonces, entre la histeria de los micrófonos y la televisión, se sabrá cuál es la capacidad real para diagnosticar y tratar el ébola en medio de un ambiente de peste macondiana.

Cuando se conozca el impacto de la situación internacional sobre el crecimiento doméstico, se tendrá que sopesar la necesidad de un replanteamiento de una política macroeconómica en buena parte diseñada para manejar la abundancia de capitales de corto plazo, el recalentamiento económico y un generoso gasto fiscal (basado en fáciles ingresos petroleros). 

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