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Aún decimos Sí

05 de octubre de 2016 - 08:27 p. m.

No es tiempo de señalar culpables, ya se encargará la historia. Ahora tenemos el deber de exigir la ilusión que nos quieren quitar de las manos.

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El domingo creímos que todo estaba ganado. Por eso nos dolió tanto el resultado. Pero hay que mantener las banderas en alto; el ímpetu, la voz y la dignidad, porque ahora no solo diremos Sí a unos acuerdos de paz, sino a la certeza de que merecemos un futuro distinto.

Hoy miles de colombianos marchamos para exigir al gobierno que se cumplan los acuerdos, porque no se puede jugar con la vida y la tranquilidad de millones de colombianos. Los derechos de los ciudadanos que han vivido la guerra no se pueden someter al “sentido común” de quienes votan movidos por emociones ajenas al contenido mismo de los acuerdos.

Una democracia no se mide por la cantidad de elecciones que se realicen, sino por las garantías que tengan las minorías ante las mayorías. De ahí que democracia no sea invalidar los acuerdos de La Habana, sino permitirle a los territorios que han vivido la guerra conocer una realidad distinta a la tiranía de los actores armados. Basta con ver el mapa electoral para comprender esta situación: fuimos indiferentes ante su realidad en tiempos de guerra, ahora somos egoístas ante ellos en tiempos de paz. Muchos dicen Bojayá y la palabra les sale con odio para señalar la crueldad de las FARC, pero no nos importa lo que ellos opinan sobre su dolor y su perdón, manifestado silenciosamente en el resultado del domingo.

Nuestro SÍ es solidario y ahora tiene nombre propio, es el Sí de Caloto, del Catatumbo, del Urabá, de Putumayo, de Nariño, de Chocó, de Toribio, de los Montes de María y de esos territorios que han visto, una vez más, como el país les da la espalda. Nos mantenemos firmes por ellos y por ellos seguiremos diciendo SÍ. 

Aún decimos SÍ, porque estamos cansados de que la paz y la guerra sigan siendo un botín electoral, sobre el cual hacen su cálculo político los que aspiran a ser presidentes. No permitiremos que un sector que aspira a retornar al poder en 2018, sea capaz de imponernos una agenda incierta, en la que la existencia de la guerra y del miedo garantizan su supervivencia política. 

Ganaron una elección, pero la paz es y será más grande. La conseguiremos, como afirmó valiente y poéticamente, la líder de los Montes de María, Soraya Bayuelo: “Debemos dejar la tristeza a un lado, espantarla rápidamente, secar las lágrimas, empuñar el bastón y amarrar las abarcas; continuar el camino que hace rato hemos comenzado para la construcción de una paz estable, duradera y cotidiana de la vida digna (…) Seguiremos cantando, seguiremos uniéndonos y yo creo que no nos traicionaremos por seguir soñando”  

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