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Esas tareas que ponen los profesores

02 de marzo de 2017 - 12:36 a. m.

Algunos profesores ponen tareas que ni siquiera puede resolver el presidente de la República.

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La semana pasada Gabriela Rico, una niña de 8 años, le escribió por Facebook al presidente Santos para que le ayudara con su tarea. La pequeña estudiante de Barrancabermeja necesitaba responder para el lunes siguiente, ¿cuáles habían sido los logros durante el gobierno del actual mandatario? El presidente dio respuesta a Gabriela a través de un corto video grabado de manera artesanal, en el que intentó salir tan espontáneo como la pregunta de la estudiante.

La noticia tuvo, hasta cierto punto, el efecto mediático calculado por la oficina de prensa de Presidencia. En el video Santos se muestra sonriente e intenta hacer lo que más le ha costado en su gobierno: conectarse con la gente. Por eso la tarea del presidente terminó siendo más compleja que la de la estudiante. La respuesta de Santos debía ser tan clara que una niña de 8 años pudiera comprender los logros durante su gestión.

Sin embargo, más allá de la anécdota que produjo la respuesta del presidente, es importante preguntarnos por “esas tareas” que suelen poner algunos profesores, que resultan incomprensibles para los estudiantes más aplicados y casi imposibles para los padres de familia más consagrados en la formación de sus hijos.

En el caso de la tarea que debió entregar Gabriela Rico, es importante que examinemos el objetivo pedagógico de la pregunta que hizo el profesor a sus estudiantes de cuarto grado. Si la estudiante no hubiera tenido la “chispa” de preguntar al presidente y éste el cálculo de contestarle, la tarea habría terminado en un largo listado de información que difícilmente podría garantizar algún tipo de comprensión en los estudiantes.

En el mensaje que la estudiante le escribió al presidente había mucha inocencia, pero también angustia: “Señor presidente santos, mi nombre es Gabriela Rico y tengo 8 años. En el colegio me preguntaron cuales propuestas a cumplido pero yo no encuentro nada en internet usted me hace el favor de ayudarme (sic)”. Gabriela, que escribía desde el Facebook de su abuela, pone en evidencia la angustia que produce en un estudiante, de colegio y de universidad, cuando busca algo en Google y no encuentra ninguna respuesta o, lo que puede llegar a ser aún peor, cuando encuentra millones de resultados posibles.

Pero estas tareas son recurrentes en el sistema educativo, en donde difícilmente los estudiantes comprenden el sentido de éstas: «eso le servirá en el futuro», responden de manera desafortunada muchos profesores cuando sus estudiantes se arriesgan a preguntar para qué. Las tareas deben tener una implicación directa en la vida y el aprendizaje de los estudiantes y, sobre todo, deben tener un sentido en el presente que no se agota cuando no encuentran la respuesta en internet.

Gabriela logró entregar su tarea y creo que tiene la materia asegurada. Sin embargo, esta historia no siempre termina así, en la mayoría de los casos los niños siguen respondiendo tareas sin saber para qué, así como algunos profesores que tampoco tienen muy claro por qué se las ponen.

Esta escena nos lleva a concluir dos cosas: en relación con el presidente, una tierna respuesta a una niña no es suficiente para comunicar los resultados de su gestión, y sobre todo, los profesores necesitan poner otro tipo de tareas si queremos que Colombia sea «la más educada».

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