No debe dormir tranquilo Carlos Fernando Galán sabiendo que su partido, Cambio Radical, se está convirtiendo en el nuevo Partido de Integración Nacional -PIN-.
Carlos Fernando Galán ha tratado de construir su perfil a partir de una visión ética de la política y con un discurso anticorrupción. Así lo demuestran sus mejores momentos en la política nacional. En 2007, siendo editor político de El Tiempo, ganó el Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá por varios artículos sobre la parapolítica. Ese mismo año, la joven promesa de los Galán fue “reclutada” por Germán Vargas Lleras. Como miembro de Cambio Radical es lanzado al Concejo de Bogotá, obteniendo la mayor votación para las elecciones locales en la ciudad: 48.000 votos.
Fue uno de los concejales que lideró los debates de control político sobre el llamado “carrusel de la contratación”. Fue nombrado Secretario Anticorrupción y de Transparencia, por el presidente Santos, en el 2012. Como director de su partido, Cambio Radical, retiró el aval a cerca de 150 candidatos cuestionados por investigaciones judiciales, muchas de las cuales eran por la parapolítica que denunció años atrás.
En 2015, renunció a la presidencia de su partido. Lo hizo molesto y con la angustia de quien sabiendo que tiene la razón no encuentra a nadie que lo escuche. Carlos Fernando Galán muestra abiertamente su desacuerdo por el aval que el partido le dio en su momento a varios políticos que hoy se encuentran destituidos. Dijo en ese momento en que su encrucijada era latente: “Espero que mi renuncia sirva como campanazo de alerta para quienes, como yo, creen todavía en este partido y en su potencial para transformar al país. Espero que podamos recuperar el rumbo”.
Más que el tiempo, la justicia y los organismos de control se han encargado de darle la razón a Galán. Su partido, Cambio Radical, lejos de recuperar el rumbo, se hunde en su propia corrupción. En el afán de su jefe vitalicio por ganar las elecciones a la presidencia en la primera vuelta, Germán Vargas Lleras no se cansa de hacer pactos con lo peor de la clase política del país, incluso consigo mismo.
Los escándalos y las órdenes de captura de los que ha sido protagonistas el partido vargasllerista, nos recuerda al extinto PIN: agrupación política que desapareció por falta de liderazgo, pues la mayoría de sus dirigentes se encuentran detenidos o enjuiciados. Sin embargo, Cambio Radical, en concubinato con Opción Ciudadana, han adoptado y protegido a aquellos electores que quedaron huérfanos por la desaparición del PIN.
Todo esto debe tener consternado y con acidez al menor de los Galán, Carlos Fernando. Esperemos que en consecuencia con su propósito inicial, la otrora joven promesa de la política pueda resolver su encrucijada con un cambio, ojalá no tan Radical.