El lunes 26 de noviembre, cuando terminó el partido entre el Cúcuta Deportivo y el Unión Magdalena, la periodista de Win Sports corrió a entrevistar a Braynner García, capitán del equipo de la frontera. El jugador agradeció a Dios, a su familia y, antes de irse a celebrar con el equipo, dedicó el triunfo al exalcalde Ramiro Suárez, quien se encuentra condenado a 27 años de cárcel por su vínculo con grupos paramilitares y el homicidio del asesor jurídico de la Alcaldía Enrique Flórez.
La frase del capitán se perdió en la algarabía del estadio y los comentaristas en cabina siguieron hablando de la “impecable” campaña del Cúcuta Deportivo. Pero de la mención a Ramiro Suárez nadie dijo nada. ¿Para qué enredar la felicidad del momento con preguntas innecesarias? El comentario de Braynner García recordaba un pasado oscuro del fútbol colombiano y nos devolvía a los días en que los capos del narcotráfico coleccionaban equipos de fútbol y los jugadores les dedicaban sus goles.
La mención de García sería un desatino personal de no ser por otro detalle que se presentó en la final de la segunda división del fútbol colombiano. En medio de la celebración, dos porristas del equipo sostenían una pancarta junto a la tarima en la que celebraban los campeones: “Ramiro Suárez, ¡gracias por creer en nosotros! Jugadores Cúcuta Deportivo 2018”. De nuevo surgía la necesidad de hacer preguntas, pero ningún periodista las hacía. Era un momento para celebrar, no para hablar de cosas incómodas: la ciudad era una sola fiesta, la emoción de la gente llenaba las calles, atravesaba las plazas y llegaba hasta la celda del condenado exalcalde, epicentro de todo lo que ocurre y deja de ocurrir en la frontera.
La relación entre Ramiro Suárez y el Cúcuta Deportivo es geográfica e histórica. Su sede de campaña siempre ha quedado a dos calles del estadio General Santander y durante su alcaldía solía visitar el camerino antes de los partidos para prometer todo tipo de premios a cambio de goles. Eran los días en que la “tula” se paseaba por los pasillos del estadio y los fajos de billetes estimulaban a los jugadores. Por eso es importante hacer la pregunta que los periodistas no se atrevieron a hacer el pasado lunes. ¿Qué agradecían los jugadores del Cúcuta Deportivo a Ramiro Suárez? Sin embargo, esta pregunta es retórica ante una realidad que todos conocen en la ciudad: con el ascenso del equipo a la primera división, Ramiro Suárez tiene garantizados cuatro años más de gobierno.
Ahora bien, el problema no es exclusivo de los jugadores, sino que estos a su vez reproducen un comportamiento que es generalizado entre los cucuteños y que comienza con la aprobación del vínculo entre política e ilegalidad. Esta aceptación es voraz y carcome la frágil estructura moral de una sociedad que solo exige de sus gobernantes una nueva feria para entretener el hambre de todos los días.
Pero el próximo año no será necesario inventar un carnaval para entretener a los ciudadanos, porque la fiesta la pondrán las campañas del Cúcuta Deportivo y la del candidato que Ramiro escoja para gobernar en su nombre. Solo nos queda esperar que el equipo se mantenga en primera división la mitad de tiempo que el exalcalde lleva gobernando la ciudad, así tendremos una década de “buen fútbol” en la frontera.