La confesión de Juan Carlos Vélez, las declaraciones de “Pachito” y la reciente carta de los “otros” líderes del NO, demuestran que en Colombia la disputa entre la paz y la guerra se reduce a las aspiraciones políticas de quienes sueñan llegar al poder.
Por eso las acciones de los representantes del NO han sido tan confusas y descoordinadas en las últimas semanas: no esperaban una victoria en el plebiscito. La certeza de que serían derrotados les había permitido mantener su unidad discursiva y había aplazado la carnicería que ahora estamos presenciando al interior de la derecha del país.
Juan Carlos Vélez, ferviente uribista -de poncho y carriel- fue el primero en mostrar los dientes. Lo traicionó la más natural de las emociones humanas: la vanidad. Lo imagino el 3 de octubre, desvelado por la felicidad del triunfo, parado frente a un espejo que se iluminaba con las primeras luces del día, esperando a que las masas uribistas lo aclamaran por ser el estratega de la campaña del NO. Pero pasaban los días y bajo su balcón solo se agolpaban multitudes de palomas, que iban y venían revolviendo bolsas de basura. Vélez decidió reclamar el protagonismo que su partido no le daba, aunque eso implicara destapar la cuestionable, y hasta ilegal, forma en que manipularon a miles de votantes que asimilaron las mentiras del NO.
Luego vino “Pachito”, el símbolo de las derrotas uribistas. Su papel en la campaña fue determinante: lideró el discurso de las víctimas de las FARC. En sus intervenciones siempre iba con personas que habían sufrido la violencia guerrillera; él materializaba la consigna “Paz sin impunidad”. Sin embargo, a pesar de su lealtad a Uribe, no fue invitado al Palacio de Nariño, tampoco hizo parte de los interlocutores del Centro Democrático ante el Presidente y los negociadores de La Habana. Al igual que Juan Carlos Vélez, demostró que las mentiras no solo hacían parte de la campaña, sino que se mantenían después del triunfo, pues confesó cómo al interior de su partido había sectores que no querían ningún tipo de acuerdo con las FARC.
Esta semana el turno fue para Andrés Pastrana, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, quienes en una carta mostraron la diversidad de intereses que están detrás del NO. En dicha carta daban a entender que el Centro Democrático no determinaba sus acciones y que ellos podían tener una interlocución directa con presidencia.
Así, los líderes del NO comienzan a mostrarse los dientes, al punto que vemos las primeras muestras de canibalismo. Estos signos de antropofagia se evidencian en la movilización que convocaron para el próximo 29 de octubre, que coincide con la marcha zombie que cada año se organiza en Bogotá, pues al igual que a los “caminantes”, a la derecha colombiana también le gusta comer del muerto (en eso se basa su política).