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Dos lumbreras apagadas en Navidad

28 de diciembre de 2018 - 12:30 a. m.

El 24 de diciembre por la mañana murió en Berlín, a los 81, Carlos Rincón, astro intelectual colombiano de la literatura y la cultura. Pocas horas después, al mediodía de ese día de Navidad, murió en Buenos Aires a los 91 Osvaldo Bayer, historiador argentino, voz de indígenas, medio ambiente y mujeres.

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Graduado de filosofía en la Nacho de Bogotá, Rincón estudió en Leipzig, fue profesor en la U. Libre de Berlín y allá se quedó hasta que el cáncer se lo llevó. Bayer, por su parte, era de ancestros también de Alemania y fue a parar allá como exiliado durante la última dictadura militar de 1976 al 83. Toda la vida la pasó luego entre Argentina y Berlín.

En realidad, Rincón circuló espiritualmente por los países de escritores y filósofos a los que tradujo al español: Adorno, Benjamin, Bajtín, Foucault, Habermas, Chomski, Canguilhem, Artaud. No obstante, su anclaje fundamental estuvo en Colombia y América Latina. Borges y nuestro Gabo fueron materia de su labor investigativa y difusora.

A Bayer desde muy joven le ganó el corazón el sur del continente. En su libro y película más conocidos –también era guionista–, La Patagonia rebelde, narró la matanza de huelguistas perpetrada por el ejército argentino al comienzo de los años 20. Escudriñó además las masacres de indígenas mapuches y ranqueles en el XIX.

Por fortuna varias universidades colombianas invitaron a Rincón a dar conferencias y seminarios de posgrado. Lo recuerdan los escritores convocados por la Surcolombiana de Neiva a sus encuentros periódicos. Curioso, preguntador, dispuesto a entregar sus conocimientos. Cada persona era para él alguien con nombre y apellido.

Confeso anarquista, Bayer se consideraba “pacifista a ultranza”. No militó en ningún partido, no se dejó acorralar en sectas. Tampoco tenía piedras en la boca. En 1963 lo invitaron a dar una conferencia en la localidad bonaerense de Coronel Rauch. Este prusiano había sido contratado en 1826 por el presidente Bernardino Rivadavia para exterminar a los indios ranqueles.

¿Bajo qué acusación? “No tienen salvación porque no tienen sentido de propiedad y son anarquistas”, escribió en su informe el oficial Federico Rauch. En su conferencia, siglo y medio después, Bayer propuso cambiar el nombre de la ciudad por el de “Arbolito”. Este era un joven ranquel, alto, de pelo largo, a quien los soldados confundían de lejos con un árbol. Un día, agazapado, esperó a Rauch, lo tumbó de su caballo y le cortó la cabeza.

De regreso en Buenos Aires, Bayer fue hecho prisionero por el general Juan Enrique Rauch, ministro del Interior de la dictadura militar de entonces y bisnieto ya sabemos de quién. Lo enviaron a la cárcel de mujeres, “porque usted no merece una cárcel de hombres”. El relato de estos hechos lo hizo con mucha sal el mismo Bayer en un homenaje por sus 90 años. Se ve en un video del portal Nodalcultura.

Julián Serna, relevante filósofo y escritor de Pereira, sostuvo amistad y colaboración intelectual con Carlos Rincón, lo trajo a disertar en la U. Tecnológica y escribió con él el libro Borges, lo sugerido y lo no dicho. Así lo despidió para El Espectador: “Era el intelectual más destacado que Colombia tenía en Europa”.  

arturoguerreror@gmail.com

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