El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Márquez y la derrota ideológica

30 de agosto de 2019 - 12:00 a. m.

El título del manifiesto de rearme leído ayer por Iván Márquez deja clara su intención: “por el despertar de las conciencias”. Y en efecto las conciencias del país están en ebullición.

PUBLICIDAD

Los veinte guerrilleros que lo rodean en el video, uniformados con cuatro verdes diferentes, cuelgan en común tremendos fusiles. Tal vez ignoran que ese despertar se les puede convertir en un tiro por la culata. Todo depende de la lectura que la gente haga de las palabras del comandante, cuajadas de lirismo y rimbombancia paisajística.

El discurso analiza lo sucedido con el Acuerdo de Paz, en felonías que la mitad del país tiene claras: traición, asesinato de líderes y exguerrilleros, negación de tierras a campesinos, violación del ´Pacta sunt servanda´, entrampamiento a excomandantes. La otra mitad, es evidente, concuerda más bien en la entrega del país a las Farc, impunidad, trizas.

El diagnóstico, pues, no añade sustancia a lo sabido desde la pugna del Sí y No. Es un recuento de la desgracia de este país, puesto en contexto del bicentenario desde la rebelión de los Comuneros, y adobado con lindezas contra el general Santander.

Lo novedoso es la mirada que hace Márquez sobre los tremendos fusiles que cargan sus adláteres. Ojo al siguiente adjetivo para calificar lo que pasó con sus fierros: “desarme ingenuo de la guerrilla a cambio de nada”. Y a la manera como lee la intención de su contraparte: “lo que querían era la entrega de armas”.

Hilando más delgado, quien fue negociador jefe de la guerrilla en La Habana plantea su utopía para enmendar tal ingenuidad y propone armas “retiradas de la política y colocadas lejos de su uso, no entregadas”. Como quien dice, fusiles escondidos por si las moscas.

Puestas así las cartas sobre la mesa –o sobre las rudas tablas de la selva- la proclama de la Nueva Marquetalia enfatiza su silogismo central: “nunca fuimos vencidos ni derrotados ideológicamente”. Y desgrana el fundamento de su contundencia amparándose en “el derecho universal de los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión”. ¡Amén!

Pues bien, hay aquí una confesión de parte, es decir una declaración que no exige más pruebas. Resulta que el Acuerdo de Paz fue en esencia la proscripción de las armas en la política. De ahí en adelante los dos contrincantes de la mesa no se comprometían a estar de acuerdo en sus ideas ni a marchar hacia la felicidad pública por idénticos caminos. No. Se dieron la mano sencillamente para hacer política sin matarse.

 Esta resolución era por sí misma una enormidad tras siglos de matazón. Era también una puesta al día del derecho a la rebelión, en tiempos como los actuales donde cualquier conflicto por pequeño que sea es capaz de involucrar potencias que incendien al mundo y lo hagan volar en trizas por el espacio.

No ad for you

He aquí la derrota ideológica de esta suprema disidencia que siempre sintió como ingenua la apuesta por la potencia transformadora de la palabra y de la democracia. He aquí también la perfidia de los supremos del poder que nunca han depuesto sus armas.

arturoguerreror@gmail.com

Conoce más
Ver todas las noticias