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Pepe Mujica con glotonería

12 de noviembre de 2015 - 09:19 p. m.

Pepe Mujica acaba de transparentar el hambre de sabiduría que experimenta Colombia.

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Habló en entrevistas de radio en que reporteros, veloces para la impertinencia, no se atrevían a interrumpir su verbo lento. Las filas para escucharlo en Medellín se midieron en kilómetros. Las redes sociales reventaron de admiración.

Vino al país por escasos días, conversó sobre sus temas fatigados en videos youtubers y medios de comunicación. No soltó primicias, no añadió bulla a la cantinela pública. El mismo Volkswagen regalado a un amigo, la misma querencia por los animalitos del campo, el recuerdo de su aprendizaje en la universidad de la cárcel. Nada nuevo.

Sin embargo, su voz fue un clarín. A cada pregunta respondió alzando el tema a nimbos filosóficos, sin dejar de ceñirse a la contradictoria realidad. En cada palabra entregó comprimidos de concreción.

Este es su saber: una perspectiva desde los 80 años de edad, la decantación de la verdad desde el dolor, un pensamiento liberado de los fanatismos que trituraron el siglo XX y continúan atenazando el XXI.

Gracias a haber vivido tres vidas en una, el expresidente uruguayo tiene algo de gato. Nadie lo ha domesticado, ha hecho su camino a distancia de zalamerías, comanda en un reino de pobreza donde es el más rico del mundo.

Por eso Colombia lo escucha con glotonería. Aquí nadie suministra tamañas raciones de sensatez y sensibilidad. En nuestro campo minado de prejuicios y venganzas, él convoca a sus compañeros de la izquierda a superar el infantilismo.

Hace este llamado porque, existiendo ya más allá del bien y del mal, sabe que en política se necesitan ambas: las fuerzas que se aferran a lo establecido y las que pujan por cambiarlo todo. Y el público recuerda que en su presidencia de exguerrillero no tachó las leyes del mercado ni asumió los subsidios botarates del populismo ni cambió articulitos para reelegirse.

Mujica no habla como los libros. No obstante parece haberlos bebido todos. Es fácil imaginarlo en tertulia con Sócrates, Lao Tse o Nicolás Gómez Dávila. Es un político más grande que la política.

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Le quedan pocos años en el planeta. Tal vez por eso su voz cascabelea como desde varios planetas. Esa será su eternidad, la plantación de estrellas que realiza con sus ideas.

La gana con que aquí se le atiende es magnífica muestra del momento. Somos un país estragado de remate, cribado por guerras de mil años, descreído de todas las fes, engañado por íntegras las solideces. Nuestro terreno se está desbrozando de cardos y espinas.

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Hoy debe de reemplazar la basura de la historia por variedad de nutrientes y sabores. En esta tarea es cauto. Excesivas infalibilidades sucesivas han resultado máscaras de avaricias y engañifas. De ahí que los mensajes de Mujica caigan como música de las esferas.

Son escasos los hombres como este abuelo vehemente, todo hecho de coherencia, filo y comprensión. Se sabe que algo de lo negociado en La Habana guarda su influencia. Es una suerte coincidir con él en este nudo del tiempo.

arturoguerreror@gmail.com

 

 

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