Se imagina uno la humanidad de Maduro atascada en un tanque de guerra frente a las escuadras de sus soldados verdes. Entonces la comedia se vuelve tragedia. Porque el gigante de camisas cuadradas se ahoga de confusión en el fierro de su guerra. Y el mundo sigue interpretando a Venezuela con la flaca ayuda de las caricaturas.
La prensa occidental sigue abundando en lo ya sabido: hambre, escasez, opositores presos, manifestantes muertos, elecciones mañosas. Y desde allá, desde el país del joropo, se escucha escasamente el látigo clamoroso del presidente iletrado. Los políticos de oposición también conversan con los micrófonos furtivamente.
Pero la opinión no accede a otras fuentes. Se oyen voces de políticos, unos agarrados al poder, otros anhelantes de llegar al mismo. En la frontera lloran los caminantes con su carga de morrales y sus historias de sálvese quien pueda. Se echa de menos la voz de la intelligentsia del país hermano.
¿Dónde están los filósofos, los escritores, los politólogos? ¿Dónde, los poetas? ¿Quién conoce los estudios de los tanques de pensamiento? ¿Acaso el régimen asfixió y silenció los centros que tienen como misión analizar con pulso equilibrado la historia y actualidad de los países?
Tal cual economista, mejor tal cual empresario fugado, suministra cifras que nadie puede corroborar. Pero los últimos 20 años de la vida venezolana carecen de la iluminación imparcial que ilustre por qué se llegó a donde se llegó. Al menos la prensa internacional no divulga esas luces.
Por eso la información es repetitiva. Las entrevistas recurren a las mismas cuatro o cinco figuras que hace rato no viven en el país. Sus diagnósticos son tan adivinables que se transforman en consignas de agitación. El resto del mundo se ve obligado a menearse en la rueda dentada por donde suben y bajan los ratones de los experimentos.
El país bolivariano sería un laboratorio comprimido de la velocidad con que se genera y fortifica en América Latina un sistema político que nació hace 100 años en las estepas asiáticas y colapsó hace 30. Porque Cuba es una isla de recursos limitados, que llegó a esa regla por las armas y ha sobrevivido en apuros sucesivos de subsidios y penurias.
En contraste, Venezuela lleva el apodo de Saudita, se estira cómoda entre el Caribe, los Andes y el Amazonas, y se diría que es un país duro de matar. Por supuesto que adecos y copeyanos —los liberales y conservadores de allá— se feriaron la patria, como los liberales y conservadores de acá.
Claro que las señoras bien de Caracas se alistaban para la fiesta del sábado yendo a comprar ropa en París el jueves y peinándose el viernes en Miami. Las “condiciones objetivas” del ascenso de Chávez son claras. ¿Pero qué vino a continuación? ¿Quién ha puesto la lupa sobre el proceso de construcción del socialismo del siglo XXI?
¿A qué otro país o países se asemejan los métodos de este ascenso? ¿Cómo se remodeló el alma de los votantes de Maduro? ¿Cuáles son sus odios y sus miedos?