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El cuarto poder

28 de agosto de 2008 - 09:27 p. m.

La aparición de los organismos autónomos, en el seno del Estado moderno, produjo cambios e hizo más compleja su estructura, pero no alcanzó a desdibujar la naturaleza tripartita del poder público.

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El sistema de pesos y contrapesos, propio de la democracia liberal, conservó su vigencia y los congresos mantuvieron el ejercicio del control político. Sin embargo, más tarde se hizo evidente la necesidad de un cuarto poder: los gobiernos habían comenzado a controlarse a sí mismos, a través de sus propias mayorías parlamentarias.

Ante la generalización de semejante fenómeno, el ejercicio del control se fue desplazando en forma creciente hacia los medios de comunicación, en medio de satisfacciones ciudadanas. Al mismo tiempo los medios crecían en influencia y profesionalismo. Finalmente se consolidaron como protagonistas de un poder capaz de ejercer un control independiente, serio, responsable, fundamentalmente comprometido con el interés de la comunidad.

Los medios solían ser voceros de un partido o movimiento pero, en todo caso, asumían su ejercicio profesional en términos que respondían a sentimientos de solidaridad social y de transparencia política. La misma vocación de los partidos estaba estrechamente unida al trámite de los intereses ciudadanos sin menoscabo de las virtudes cívicas que, más tarde, se deterioraron en medio del turbión de los malos hábitos públicos.

El siglo XX fue testigo del auge de los medios como un cuarto poder, vigilante del desarrollo social y orientador de la opinión pública. Particularmente en Colombia, factores bien conocidos contaminaron de cinismo el ejercicio de la política, e incluso el de la ética pública y privada. Contra eso se levantó la fortaleza moral de algunos sectores sociales que tuvo expresión cabal en los medios de comunicación y en los periodistas. El Espectador y Guillermo Cano no son los únicos, pero sí los mejores ejemplos de una lucha por la defensa de unos valores que es preciso rescatar para la construcción del futuro.

Hoy, por supuesto, también hay periodistas –y medios- dispuestos a mantener el sentido superior de su misión profesional. Sin embargo, con el advenimiento de lo que algunos han llamado la postmodernidad surgieron formas de participación ciudadana que generaron crisis en las instancias representativas. Tal cosa afectó tanto a los partidos políticos como al Congreso, y trajo consigo nuevos patrones culturales.

En efecto, la postmodernidad produjo una sociedad un poco “light”, en cuyo seno es más importante la imagen que la palabra. Por lo tanto lo que importan no es como sean las cosas sino como se vean. El concepto fundamental del verbo ser es superado por el concepto más bien frívolo del verbo aparentar. Los medios de comunicación se centraron en los sucesos más livianos de esa sociedad liviana, y terminaron privilegiando una especie de realidad aparente sobre la verdad verdadera.  Claro, el mundo de la palabra orienta, pero el de la imagen vende.

En medio de la crisis de los partidos políticos, los medios de comunicación consolidaron gran influencia sobre la sociedad civil. Pero paulatinamente fueron siendo adquiridos por grupos económicos, cuyo interés corporativo no necesariamente coincide con el interés general. Aunque siguen ejerciendo una especie de veeduría ciudadana, cada día es más difícil para ellos separar el mundo de la política del mundo del mercado.

Probablemente ese proceso resulta inevitable en el escenario global y genera la contrapartida de la responsabilidad social de la empresa privada. Pero frente al legítimo interés empresarial por ampliar su horizonte dentro del ámbito de los medios de comunicación, surge el legítimo derecho de las comunidades a adoptar unas reglas que les permitan a sus miembros el ejercicio de la ciudadanía desde una participación que incluya formas de control social. ¿Cómo podría conformarse en nuestro país una suerte de quinto poder, capaz de ejercer un auténtico control ciudadano sobre sus autoridades y sobre las políticas públicas?.

Ex senador, profesor universitario.

atm@cidan.net

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