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El nacionalpopulismo

10 de mayo de 2018 - 11:55 p. m.

De alguna manera Europa inventó la democracia varias veces. Las ciudades-repúblicas griegas, los fueros medievales hispanos, las revoluciones liberales e incluso los socialismos de la Modernidad han sido expresiones de un proceso de búsqueda institucional pensado para mejorar la gobernanza política.

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A lo largo de este devenir –complejo, vital, contradictorio– Europa nunca asumió un compromiso de paz de manera tan seria como lo hizo en la centuria anterior. Después de múltiples guerras de verdad y de múltiples paces de mentira, las devastadoras guerras del siglo XX impulsaron a Europa a pensar en una paz estable. La Unión Europea fue un diseño institucional que pretendió ir más allá del Estado-nación, precisamente, porque este se había convertido en el mejor vehículo para instrumentalizar las guerras.

En el tránsito de los dos siglos, dos sociólogos europeos expresaron lo mismo de distinta manera: El alemán Ulrich Beck dijo que la Unión Europea no es un Estado en sentido convencional, sino un empire del consenso y del derecho; y el español Manuel Castells, que una Europa unificada asentará el poder mundial en una estructura policéntrica, impidiendo la hegemonía de una o dos superpotencias.

En efecto, la Unión Europea es el mayor esfuerzo que la historia humana conoce en la búsqueda de una paz permanente. Por desgracia en estos últimos años su proceso de construcción se ha estancado y, a veces, parecería estar involucionando. En primer lugar, se nota un problema de carencias dirigentes. La UE nació entre las manos de Churchill, De Gaulle, Adenauer. Había grandes líderes en Europa.

Tal vez François Mitterrand y Felipe González fueron los últimos. La UE sobrevive gracias a Angela Merkel y, quizás, a Macron, pero su peso específico es insuficiente para neutralizar a tanto dirigente novato de talante populista. Europa está gobernada por liderazgos menores, con intereses de coyuntura pero no estratégicos.

El gobierno británico, el español, el italiano, los líderes de Austria, Bélgica, Polonia no dan la medida del compromiso de Europa consigo misma y con el mundo. El nacionalpopulismo está presente en los ingleses que votaron por el brexit, en los alemanes que votaron por AfD, en los franceses que votaron por el Frente Nacional, en los españoles que votaron por Podemos y que produjeron la fractura de Cataluña. Es increíble, pero las elecciones parlamentarias del 2019 podrían dar como resultado, por primera vez en la historia, un parlamento europeo dominado por antieuropeos.

¿Puede suceder algo parecido en América? Casi que sucedió ya. El populismo tiene dos eficaces voceros: Trump en Estados Unidos y Maduro en Venezuela. Este es una amenaza local, pero aquel es planetaria. El peligro de Colombia no es el castrochavismo sino el populismo, que tiene como gran ejemplo universal al gobierno gringo.

El populismo es indoctrinario, demagógico, autoritario. En esta campaña hay varios candidatos que son algunas de estas cosas, o todas a la vez. Les interesa la política como factor de poder, no como factor de servicio. Privilegian la confrontación sobre los consensos. No es difícil identificarlos.

*Exsenador, profesor universitario.

@inefable1 

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