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Ibagué 458 años

09 de octubre de 2008 - 05:55 p. m.

Fundada el 14 de octubre de 1550 por el capitán Andrés López de Galarza, la capital del Tolima cumple el martes próximo 458 de recorrido por la historia. Es, por lo mismo, una de las ciudades más antiguas de Colombia. Esta ubicada en medio de un hermoso paisaje andino –habitado entonces por los indios Pijaos- que el conquistador Sebastián de Belalcázar bautizó con un nombre apodíctico: “El Valle de las Lanzas”.

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Ibagué nació a la manera de los antiguos municipios ibéricos. Sus primeros regidores fueron elegidos, en virtud de una vieja tradición española que, al decir del escritor Eduardo Santa, dejaba constancia de obrar por derecho propio, como si el municipio hubiera existido desde siempre en ese lugar. Así comenzó su tránsito hacia el porvenir.

Dos grandes hitos dejan su impronta en la historia local: El primero se confunde entre la historia y la leyenda. El otro descubre la vocación de la ciudad. Aquel es el combate entre Calarcá, el último gran líder Pijao, y Baltasar, un indígena converso. Según la versión más extendida se trenzaron en lucha cuerpo a cuerpo, y Baltasar clavó su lanza en el pecho de Calarcá. Éste, en lugar de retroceder, se vino lanza arriba, ensartándola cada vez más en su propia humanidad hasta llegar al adversario y degollarlo con sus manos. Esta leyenda hunde la historia de Ibagué entre sonidos de guerra.

El segundo hito se desprende de la visita que, en 1886, realizó a la ciudad un ciudadano francés, conocido como el Conde de Gabriac, quien le dio a Ibagué la denominación de “capital musical de Colombia”, al constatar que la música era un suceso cotidiano entre sus gentes. Dicha visita despertó la conciencia colectiva sobre el hecho, hasta el punto de que, algunos años después, el gobierno departamental fundó una Escuela de Música. Es el antecedente remoto del Conservatorio. Este suceso despertó sonidos espirituales que la ciudad aún conserva.

Sin mayores detalles sobre el levantamiento comunero, en 1781, se produjo una protesta que creció tan rápida como espontáneamente. Nunca como antes, escribe el historiador Darío Ortiz, las gentes “del común”, de ordinario tan apacibles y obedientes, y sin líderes visibles, habían protestado en forma tan acalorada. Por primera vez en siglos, hacían saltar en pedazos la mansedumbre colonial. Así mismo se comprometieron con la defensa de la civilidad cunado fue preciso. En 1854, reunido en el histórico Colegio de San Simón de Ibagué, el Congreso Nacional encargó del poder ejecutivo al vicepresidente José de Obaldía. Desde allí Manuel Murillo Toro proclama la naturaleza civil del radicalismo, en actitud respaldada por los más conspicuos dirigentes del país.

A partir de 1930 Ibagué es testigo de una importante eclosión periodística. En la ciudad nacieron “Tolima Libertal” dirigido por Alberto Camacho Angarita, “Avance” dirigido por Luís Carlos Echandía, “El Derecho” dirigido por Juan María Arbeláez, “Frente Liberal” con una dirección colegiada, en fin, una prensa independiente y crítica que desde la capital del Tolima debatía la situación política nacional e incluso los grandes problemas del mundo con sorprendente información.

En ese mismo marco Ibagué dio patente a la “Escuela del Tolima”, inspirada y dirigida por el presidente Alfonso López e integrada por Darío Echandía, Carlos Lozano y Lozano, José Joaquín Caicedo Castilla, Antonio Rocha Alvira, Alberto Camacho Angarita, Rafael Parga Cortés y Carlos Peláez Trujillo, entre otros. Pocos colombianos como estos –todos liberales y todos tolimenses- realizaron un cambio institucional tan serio y tan profundo como el conquistado en la reforma constitucional de 1936. La “Escuela del Tolima” construyó las más democráticas instituciones colombianas.

Es en torno a éstos temas en donde mejor se mueven Ibagué y el Tolima. Como en el levantamiento comunero, tampoco aquí hay grandes figuras ni líderes visibles. Probablemente no es necesario. En cada ibaguereño subyace un formidable talento. En general les interesa más el ejercicio del espíritu que la conquista de la gloria. Es bueno recordarlo, a propósito de los 458 años de la ciudad: como lo anota el periodista ibaguereño Carlos Pardo Viña, para las gentes de su tierra, la música es la historia de una identidad.

Ex senador, profesor universitario.

atm@cidan.net

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