Nacida en Holanda, Saskia Sassen –una de las grandes especialistas del mundo en asuntos urbanos- acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales.
Al graduarse en sociología se radicó en Francia y luego se desempeñó como profesora universitaria en Roma, para finalmente radicarse en Estados Unidos. Pero Sassen creció en Argentina, por lo cual su visión incluye este mundo diverso y complejo de la América indohispana, tan mal estudiado por el pensamiento moderno. Hace un par de años estuvo en Bogotá, invitada por la Universidad de los Andes.
Se proyectó universalmente con su obra “La ciudad global” publicada en 1991, en la cual introduce “la ciudad” como elemento adicional frente a la dualidad entre lo global y lo nacional. Pero la ciudad global sólo tiene sentido si forma parte de una red global de lugares estratégicos. No existe la ciudad global aislada. Ha de relacionarse con otras en términos de producción económica y política. Como lo anota ella misma una ciudad global debe tener posibilidades para gestionar operaciones globales relativas a las empresas y mercados, pero “esa funcionalidad no cae del cielo ni es inmortal. Debe ser producida y reinventada, y asume varias formas de liderazgo y diplomacia económica internacional para asegurar su existencia y su renovación”.
Sin embargo también requiere un desarrollo político capaz de crear y promover culturas de gestión que facilitan la radicación de elites profesionales y empresariales con sentido de inclusión social, así como “nuevos tipos de política que pueden ser lanzados por sectores desfavorecidos y por minorías que también encuentran en la ciudad sus espacios para la identidad y la afirmación de sus proyectos políticos”.
No sin razón algunos estudiosos de estos temas –como Borja y Castells- distinguen entre urbanización y ciudad. Aquella es una articulación espacial. Ésta es todo un sistema de relaciones sociales, de cultura y de instituciones políticas de autogobierno. Para Sassen la ciudad global es un espacio centrado en un lugar, pero al mismo tiempo es transterritorial porque conecta espacios geográficamente lejanos pero integrados en una red que no sólo produce la transmigración del capital sino de las personas. Y es un espacio para la trasnmigración de las formas culturales o la reterritorialización de las subculturas locales.
Sin duda la decisión de otorgar a la reconocida socióloga el premio Príncipe de Asturias es acertada como pocas. Además de sus tesis sobre la ciudad global ha analizado los efectos de la globalización sobre la desigualdad, los cuales producen circuitos de exclusión que afectan a los más pobres y, sobre todo, a las mujeres. Por todo eso, el fallo mencionado constituye una buena noticia para el mundo académico.
*Ex senador, profesor universitario, atm@cidan.net