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La hora de América

04 de noviembre de 2010 - 06:58 p. m.

Europa se ha reinventado varias veces y ha sabido formular las teoría críticas que le dieron una vocación emancipadora a su pensamiento.

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Para superar las poliarquías medievales diseño el estado-nación en torno a las monarquías absolutas. Luego les impuso controles que abrieron la puerta hacia gobiernos de leyes. Revisó el concepto de poder, inventó la noción de soberanía y construyó la idea de revolución, mientras expandía por el mundo su influencia espiritual y económica.

En el siglo anterior vio el ascenso y el ocaso de los fascismos y de los comunismos, dos posiciones que sobreideologizaron el planeta y lo partieron artificialmente en dos, provocando guerras civiles e internacionales de alcance global. Mientras tanto en América aparecía una nueva potencia que, en el período de entreguerras, se consolidó bajo el liderazgo de Roosevelt. Pero los dirigentes de Europa, por su cuenta, decidieron apostarle a la paz. Ese fue el origen de la idea de Europa como proyecto común.

El siglo xx conoció algunos de los líderes políticos más importantes de la historia europea. Lejanos los días de Enrique viii, Felipe ii, Luis xiv, e incluso los de los grandes filósofos de la modernidad, ahora Churchill, De Gaulle, Tito, Adenauer, se proyectaron como hombres de ideas y de acción y se comprometieron a hacer de la política un sustituto de la guerra.

Comprometieron, además, a sus países en la idea de construir nuevas instituciones. Desde entonces –y durante, por lo menos, cuatro décadas- los europeos avanzaron hasta el punto de plantearse una nueva reinvención, con auténtico sentido de paz y de futuro. Comenzaron por suscribir unos acuerdos económicos y, paulatinamente, desataron un proceso de revisiones que comprometieron al paradigma fundamental del pensamiento moderno: el estado-nación.

Con Jaques Delors se dio un gran salto que, sin embargo, empezó a neutralizarse hacia finales del siglo. Líderes como Francois Mitterrand, Helmuth Kohl, Felipe González, dieron positivo impulso al proyecto, pero fueron sucedidos por políticos menores, caracterizados por un pragmatismo que no es resultado de su prudencia sino de su falta de imaginación, de su incapacidad creativa, de su miedo a la heterodoxia, de su imposibilidad para la utopía, es decir de sus carencias.

Los europeos suelen cobrar las carencias dirigentes. Más allá de la situación política interna de cada país, el ciudadano común expresa interés frente la idea de Europa, que supone largo plazo y demanda responsabilidades individuales y colectivas. Pero si la unidad europea significa replicar institucionalmente el estado-nación en el nivel supranacional, no se está proponiendo nada nuevo. Por eso, en un momento dado, votaron contra el proyecto de constitución europea, lo cual obligó a una reflexión que aún no encuentra respuestas.

Europa vive un cambio de época, pero carece de líderes con la suficiente dimensión política para orientarlo. Su pueblo es superior a sus dirigentes. Alguien podría formular la misma pregunta para el resto del mundo: ¿Dónde están los sucesores de Nehru y de Sucarno, de Ben Bella y de Mandela, de Lázaro Cárdenas y de Fidel Castro? O, en Colombia, de los Lleras, de Echandía,  de Gaitán? Parecería que vivimos una crisis de liderazgos. No es fácil hacer ese análisis pero creo que, al menos la América Ibérica, está aprendiendo unas lecciones que la posicionan bien en el ámbito universal. Lo muestra Brasil, seguido por México, sobre los demás países de la región. Pero luego van Chile, Colombia y Perú. Incluso Bolivia, cuya historia singular produjo hace dos años un nuevo diseño institucional que supone enorme desafío para su pueblo.

A pesar de sus contradicciones políticas, de sus desigualdades sociales, de sus diferencias múltiples, Brasil y Chile, Colombia y Perú registran un importante crecimiento relativo dentro de la región y sus economías ofrecen claras expectativas de desarrollo en la próxima década. América del sur aparece con fuerza en los escenarios de inversión y en los análisis de los estudiosos. Le falta reconocerse más y mejor en sí misma, consolidar una vocación integradora y, sobre todo, superar la ideologización que la ancla en la historia del siglo xx. Si lo logra, se habrá apropiado de su hora histórica.

*Ex senador, profesor universitario

atm@cidan.net

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