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La increíble y triste historia de la victoria contra la paz

03 de julio de 2015 - 11:45 p. m.

Según informaciones de prensa, el 45% de los colombianos cree en el proceso de paz, pero un 46% se inclina por la salida militar.

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 El tema de la paz ha perdido importancia para los ciudadanos y el liderazgo del gobierno nacional frente a él está prácticamente agotado. Es necesaria una reingeniería del proceso. No se puede seguir dialogando en medio de un marco que no solo no facilita la negociación sino que la dificulta. Es más, que la hace imposible.

Ese marco supone cárcel, entrega de armas, prohibición para que la guerrilla haga política, es decir supone sometimiento. Por lo mismo descarta los acuerdos propios del armisticio. Pero se impuso en el seno de buena parte de la opinión y, curiosamente, el gobierno nacional cayó en el error de comprarlo para negociar dentro de él.

Dicho marco posibilita los grandes contrastes que se han visto entre las declaraciones del presidente Santos y las de su ministro de defensa. Las primeras suponen zanahoria y las segundas garrote. Eso no lo entiende la gente. El ciudadano común supuso que el cambio de ministro implicaba un cambio de política, lo cual, no se produjo a juzgar por las declaraciones formuladas por ministro Echeverry ayer. En esas condiciones era preferible mantener al ministro Pinzón.

Pero ese marco también se expresa en la idea de que las conversaciones de La Habana se encaminan hacia una amenazante paz con impunidad que, por lo mismo, resulta inconveniente e insostenible. El gobierno insiste en el proceso y advierte que el país tendrá que “tragarse unos sapos” inevitablemente.

No creo que el camino hacia la paz signifique “tragarse sapos”. Por el contrario, es eliminarlos del menú diario de los colombianos. La amenaza de la paz con impunidad es una frase políticamente efectista que nada aporta, pero sí le atraviesa palos a la rueda de la convivencia. Desde hace décadas los colombianos se “tragan el sapo” de la impunidad sin paz, que se ha vuelto la minuta de diaria lectura para el ciudadano común. Todavía no se sabe quién asesinó al mariscal Sucre, y todavía despachan altos funcionarios acusados de delinquir.

La reingeniería que el proceso demanda exige la creación de un nuevo marco en el cual quepan la reconciliación y el perdón o la paz será imposible. El perdón para toda clase de victimarios, tanto en la guerrilla como en el establecimiento. Pero en ese marco no es el gobierno sino la Iglesia católica la que puede “jugar con las blancas”. Si no se cambia el marco el país arderá entre las llamas de sus espíritus más agresivos y violentos.

Con los atentados de ayer y las declaraciones de un guerrillero bárbaro el porcentaje de colombianos que no creen en el proceso debió subir del 50%. Pero las declaraciones formuladas ayer por el Nuncio Balestrero fueron muy oportunas. Ojalá la diplomacia vaticana y la jerarquía eclesiástica colombiana insistan en apagar el nuevo incendio que se ve venir. Hemos vivido demasiado la guerra para que, como en los viejos fascismos, resulte ahora más importante la victoria que la paz.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

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