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La música, la educación, la tierra…

20 de julio de 2018 - 03:05 a. m.

La impronta musical del Tolima es histórica. La música fue siempre un suceso cotidiano entre sus habitantes. Alberto Castilla, el Coro del Tolima, Garzón y Collazos, Amina Melendro, para señalar solo los más icónicos, se formaron, vivieron o laboraron en torno al Conservatorio. Lo convirtieron en símbolo regional frente al país y en símbolo nacional frente al mundo. Por eso Ibagué es reconocida como capital musical.

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En el siglo XIX el Tolima estuvo signado por guerras civiles. Sin embargo, desde los inicios de su segunda mitad, don Marceliano Sicard organizó, semanalmente, unas veladas musicales en su casa de Ibagué, como lúdica constancia de la vocación de la ciudad por el pentagrama. En 1889 se fundó una Escuela de Música que fue luego transformada en Academia. Fue el primer antecedente del Conservatorio, cuya presencia centenaria da testimonio de identidad tolimense. La Academia colapsó durante la guerra de los Mil Días, pero resurgió luego de la mano del maestro Castilla. El Conservatorio de Música, el Colegio de San Simón y la Escuela Normal de Señoritas conformaron una triada para la educación, que hizo de Ibagué una ciudad culta.

Durante el siglo XX, tres ministros de Educación se comprometieron con su tierra: Miguel Abadía Méndez en 1925, Darío Echandía en 1936 y Guillermo Angulo Gómez en 1980. Abadía fue ministro de Pedro Nel Ospina; Echandía, de Alfonso López, y Angulo, de Julio César Turbay. El primero se interesó por San Simón y el segundo por el Conservatorio y por la Normal de Señoritas. El maestro Echandía perteneció a un gobierno que dio gran impulso a las Escuelas Normales y, específicamente, respaldó al maestro Castilla en la organización del primer Congreso Nacional de Música en 1936. Guillermo Angulo se interesó más por la educación superior: La Universidad de Ibagué, la Corporación Educativa de Honda, el Instituto de Formación Técnica de El Espinal están entre sus grandes realizaciones. Con dirigentes del sector privado regional y con líderes del sector, Angulo sembró una semilla que ya dio valiosos frutos.

Recoge esa herencia hoy su hija María Victoria, quien será ministra de Educación del nuevo gobierno. Me atrevo a pensar que, sin perjuicio de sus planes como ministra, los tolimenses le pueden pedir a María Victoria que mire hacia el Conservatorio. El empresario Armando Vegalara Rojas, ilustre tolimense por adopción, lidera un grupo destacado de tolimenses hondamente comprometido con el porvenir del Conservatorio. Detrás de sus gestiones subyace la idea de potenciar el activo espiritual de la región y proyectarlo a través de la industria musical y del entretenimiento. Para empezar, con la Fundación Salvi se programó un festival nacional de música para el próximo mes de octubre, y se dará inicio a una Escuela de Luthiers.

El Conservatorio expresa cabalmente el activo espiritual del Tolima: las artes, las letras, el pensamiento. Es una universidad que alberga el 8% de la población universitaria musical de Colombia. Entre sus egresados hay profesionales que honran su oficio y honran al país, dentro y fuera de sus fronteras. Es preciso crear opinión y consolidar un propósito regional para estimular la vocación musical que los tolimenses llevan dentro, y convertirla en un factor de desarrollo. En eso puede ayudar mucho María Victoria Angulo, por cuyas venas corre sangre de la más pura estirpe tolimense.

* Exsenador, profesor universitario.

@inefable1

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