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La paz y el desarrollo

10 de diciembre de 2015 - 09:00 p. m.

Varias afirmaciones del presidente Santos hacen recordar una célebre frase del papa Pablo vi: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.

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 Ahora Planeación Nacional midió el posible dividendo económico de la paz y encontró que el país podría crecer hasta cifras cercanas al seis por ciento y obtener un fuerte impulso en las exportaciones. Según el director del DNP la firma de los acuerdos de La Habana producirá una dosis de confianza capaz de generar inversión, mejorar el empleo e incrementar el consumo.

La industria, el sector rural y la construcción –sectores en los cuales hemos tenido algunas ventajas competitivas- serían clave de la reactivación. El estudio de Planeación es esperanzador. Utiliza elementos comparativos con otros países que han vivido situaciones similares y eso ayuda a generar confianza. Pero hay que hacer pedagogía y meterle país a un proceso que se viene cumpliendo en escenarios de cúpula.

No creo que entre los países examinados por el estudio del DNP se encuentre Perú. Si no lo está, hace mucha falta como ejemplo. Más que de Irlanda, Filipinas o Suráfrica. Según reciente informe de la revista española “Política Exterior”, en medio de la caída de los precios de los minerales, que suponen el 55% de sus exportaciones, la agricultura peruana se está convirtiendo en uno de los sectores más prometedores para diversificar su oferta exportadora.

Actualmente el Perú es uno de los mayores líderes regionales en la exportación no sólo de materias primas sino de productos agrícolas con valor agregado. En los últimos años, dice el anotado informe, gracias a seis nuevos proyectos de irrigación, se han sumado 211.000 nuevas hectáreas a la producción agrícola de exportación. No es difícil lograrlo en Colombia. A pesar de los errores en el manejo económico de los últimos años, hemos sido, históricamente, una potencia agrícola en el contexto subregional.

La industria turística podría ser la otra columna vertebral del desarrollo en un escenario de paz. También en ello el Perú nos sirve de ejemplo. Al comenzar el siglo los peruanos recibían millón y medio de turistas al año, hoy reciben tres millones y en el año veinte aspiran a superar la cifra de cinco millones de turistas. El sector se consolidó como el segundo en la generación de divisas, después del sector agroexportador, en el año 2013.

Es más: los turistas que llegan al Perú provienen fundamentalmente de la región. Son originarios de la América ibérica. El 30% del total de sus visitantes procede de Chile. Pero además surgió un turismo interno creciente y dinámico que, como dicen sus gestores, una vez controlado el terrorismo se convirtió en desafío primordial de los sectores privado y público.

Necesitamos pedagogía pero también infraestructura y, sobre todo, compromiso. A veces parecería que, en Colombia, las cosas se mueven por ley de gravedad y no por gestión dirigente ni por interés ciudadano. Aquí todos somos responsables de todos. Si no aprendemos de la historia –de la nuestra y la de nuestros vecinos, más que de la de los países de la OCDE- el proceso de paz se puede convertir en un nuevo desengaño.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

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