Con el resultado electoral del domingo los colombianos quedaron en un limbo tan oscuro como frágil.
El gobierno es el gran responsable de su propia derrota. Su debilidad política deja al presidente Santos un estrecho margen de maniobra, las Farc están quietas pero alertas y el ex presidente Uribe con el balón en su cancha, pero sin afán. Es preciso meterle país a este proceso. Por fortuna la sociedad civil se está empoderando y eso ayuda a que las decisiones se tomen en función de los intereses del conjunto social. Celebro el éxito de las movilizaciones que se están produciendo.
En el proceso electoral el gobierno y la cúpula promotora del “Sí” actuaron con miopía: agotaron su visión en el país político y desconocieron la importancia del país nacional. Semejante actitud carece de sentido, sobre todo, frente a un mecanismo de participación ciudadana. El ropaje político de los debates no ocultó la magnitud de un enfrentamiento personal entre dirigentes, que polarizó a los colombianos, tal vez, como nunca antes en la historia reciente. Entre falacias e improvisaciones de unos y otros naufragó el sentido común de la política.
Lo más importante ahora es mantener los logros obtenidos en La Habana, como garantía de no regreso a la guerra. Los acuerdos no fueron apoyados por el pueblo en las urnas. Es preciso ajustarlos a los términos por acordar en los diálogos políticos que se anuncian. Tampoco pueden implementarse porque la decisión popular los bloqueó políticamente. Pero, desde el punto de vista jurídico, los acuerdos están vigentes. El plebiscito no fue para aprobarlos o improbarlos. Se convocó, al tenor de su pregunta, para apoyar o no una política pública.
Por lo tanto nada ha roto los acuerdos y lo más importante es que no los rompan los fusiles. Las declaraciones del comandante del Ejército, en el sentido de que la fuerza bajo su mando debe alistarse para una ofensiva militar son inquietantes. Con razón dice El Espectador, en su editorial de ayer, que mientras haya cese del fuego hay esperanza: Levantarlo o “amenazar con la posibilidad de hacerlo, sólo le pone leña al fuego retórico de quienes desconfían del Gobierno, empeora la incertidumbre y también afecta la posición del Secretariado de las Farc ante sus tropas, que tienen motivos para sentirse intranquilas”.
Se trata, además, de un acuerdo especial suscrito, por las partes, al amparo de los convenios de Ginebra. Fueron depositados en el Consejo Federal Suizo y en la Secretaría General de las Naciones Unidas. Estas son razones de peso para preservar su vigencia jurídica y salvaguardar la imagen de Colombia en el ámbito de la comunidad internacional. Lo demás es impulsar el nuevo acuerdo político y trabajar, desde la sociedad civil, para recuperar espacios de concertación y procurar consensos entre los colombianos. Hay momentos de crisis en que a la gente le corresponde asumir el liderazgo colectivo de sí misma. Mientras defiende la vigencia de los acuerdos, ahora le toca encontrar una nueva oportunidad para avanzar hacia el país en que quepamos todos. Esa es la política del sentido común.
*Ex senador, profesor universitario. @inefable1