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Las lecciones de Europa

13 de mayo de 2010 - 06:28 p. m.

La Unión Europea es el ejemplo más importante de construcción institucional que ha visto el mundo en los últimos trescientos años.

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Nació como un propósito de enmienda, después de su larga historia bélica y de la dramática experiencia de la segunda guerra mundial. En ese propósito se ha logrado mucho, pero también es mucho lo que falta. Europa está, apenas, a medio camino y ya se ven tantos nubarrones en su cielo, que los comentaristas alertan sobre el peligro de perder lo que se ha ganado.

Hace unos años, bajo la orientación del ex presidente francés Giscard d’Estaing se redactó un proyecto de constitución que inspiradores consideraron apto para la Europa del futuro. En su texto subyacía la idea de una Europa confederada. No pocos ciudadanos europeos, entre ellos los propios franceses, rechazaron el proyecto con una masiva presencia en las urnas.

Ahora aparece el informe de la misión de sabios que coordinó el ex presidente español Felipe González. Conocida como ‘Grupo de Reflexión’, la misión formuló el ‘Proyecto Europa 2030’. Lo que vemos no es tranquilizador, dice el informe. En efecto, son muchos los nubarrones que se observan en el cielo de Europa. Sin embargo su respuesta es positiva si los europeos se comprometen en “en un renovado proyecto común”.

Eso parece indicar la necesidad de que Europa reconstruya su consenso. Ya no para hacer negocios, ni para hacer la paz. Ahora es para avanzar hacia un proceso original de unidad política en el cual, ciertamente, está el secretó de su supervivencia. De lo contrario la avasallarán los bloques que giran en torno a los Estados Unidos, al Japón y a las mismas economías emergentes de India y China.

“Necesitamos desarrollar sin dilación la gobernanza económica que nos falta para evitar los choques asimétricos derivados de la coexistencia de una moneda única y un mercado interior con distintas políticas económicas”, agrega el informe. Pero “hace falta, sobre todo, un liderazgo claro y resuelto, con una sostenida capacidad de diálogo con la ciudadanía…Los ciudadanos solo van a entender, abrumados por la crisis que no provocaron, que se les digan estas verdades con claridad y que se les llame a compartir un esfuerzo comparable al que levantó a la Europa libre después de la segunda guerra”.

Esta nueva lección se traduce en al aserto de que la democracia es una conquista cotidiana, cuyo flujo descansa en la participación de la gente. La negativa dada al proyecto de constitución europea hace un lustro, lo mismo que las protestas de hoy, expresan el afán y el derecho ciudadanos por recuperar para sí la política. Una política capturada por las cúpulas nacionales, y ejercida sin liderazgo y sin diálogo.

Esa política no se está haciendo en las plazas de las ciudades, ni en los campos de Europa, ni en sus redes virtuales, sino entre las cuatro paredes de un palacio en Bruselas y en medio de algo que se parece más a la clásica burocracia internacional que a la vocería de un proyecto democrático. Ese proyecto ha de estar abierto al debate para que los cambios que en él se produzcan sean resultado de consensos cada vez más amplios, y no de la suplantación de la voluntad de los ciudadanos.

Detrás del ‘no’ a la constitución europea hubo claro rechazo a un proyecto que veía el futuro en el pasado: la confederación de estados. Detrás de la crisis actual hay cansancio con una dirigencia ‘renacionalizada’ que perdió el espíritu creador de quienes hace medio siglo imaginaron una Europa distinta, capaz de buscar el futuro en el horizonte y no a sus espaldas. Allí hay otra lección para este parte de América.

*Ex senador, profesor universitario

atm@cidan.net

 

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