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Los expertos de Tota

28 de enero de 2016 - 09:12 p. m.

El lago de Tota, en Boyacá, ofrece uno de los paisajes más hermosos de Colombia.

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Lo visité en las vacaciones de fin de año y encontré que, como tantas otras maravillas naturales, viene sufriendo deterioro creciente. Sólo que, según sus habitantes, los principales responsables de su degradación son precisamente los expertos que, desde hace décadas, formulan recomendaciones con resultados funestos.

Al parecer, los primeros fueron expertos en economía. Recomendaron reemplazar los cultivos tradicionales de papa, ruba, habas, nabos y otros productos nativos –que habían hecho célebre el famoso cocido boyacense– por el de cebolla larga, que suponía mayor rentabilidad para los campesinos. Luego llegaron los ecólogos, cuyas expertas recomendaciones hicieron clausurar la vieja producción de trucha y sembrar una planta exótica para contribuir a la oxigenación de las aguas del lago.

Con el paso del tiempo los agricultores fueron ensanchando su frontera cada vez más, en detrimento del lago. Hoy la producción cebollera va hasta el borde mismo de sus aguas. Sobre ellas caen todos los residuos de abonos e insecticidas, que son de alto uso en este tipo de producto. Mientras admiran la preciosidad del paisaje, habitantes y turistas respiran un inefable tufillo de cebolla. Pero además, el supuesto propósito de oxigenar el lago se tradujo en la presencia de una planta que los vecinos llaman elodea, cuya aparición invade el lago no sé si contaminando, pero sí estropeando su belleza.

De tiempo atrás se sabe que los gobernantes deben cuidarse de los expertos casi tanto como de sus adversarios. Un célebre libro de Maurice Duverger titulado Los naranjos del lago Balatón muestra el fracaso del gobierno comunista húngaro de Mátyás Rákosi, cuyos expertos decidieron sembrar el cítrico al amparo del microclima existente en torno al lago. Una extrema helada de invierno arrasó el cultivo, en el cual se habían invertido cuantiosos recursos. Pero los expertos del partido no podían equivocarse.

Hechos como los narrados no solo ocurren en Tota. Si se mira el escenario nacional en política, justicia, salud, economía, abundan los casos. Desde ministerios, magistraturas, almojarifazgos, banca central, los expertos toman decisiones que –como se refleja en la crisis económica, en el caos judicial, en el desajuste institucional, en la desigualdad social– están descuadernando al país. Algunos, sin ruborizarse, se atreven a decir que tenemos el mejor ministro de Hacienda del mundo. Esos expertos suelen tener el centro de gravedad situado afuera. Sin embargo, neutralizan su descrédito aprovechando la indiferencia ciudadana y utilizando el apoyo de los medios de comunicación. Mientras tanto flotan en la impunidad jurídica y política, que cada día crece en la medida en que no hay controles efectivos y se desdibuja el Estado de Derecho.

Es preciso hacer seguimiento ciudadano a la acción de los expertos y obstaculizar su tendencia a leer la realidad nacional en lengua extranjera. Al final el hilo se rompe. Como alguna vez lo dijo el presidente Alberto Lleras, hay momentos en que el pueblo se asoma hasta el sitio de las determinaciones para reclamar por su empobrecimiento y medir el trabajo mal pagado, la gestión mal hecha y el hondo abismo que se cava entre los pocos con todo y los innumerables con nada.

*Exsenador, profesor universitario, @inefable1

 

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