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Presencia intelectual

06 de mayo de 2016 - 12:47 a. m.

La gran contribución del Tolima al desarrollo del país tiene que ver con el pensamiento: No ha sido tanto económica o empresarial como intelectual y artística.

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 La semana anterior, en el Conservatorio de Ibagué, se rindió un homenaje a tres juristas tolimenses. El evento –organizado por la emisora local Ecos del Combeima, en el marco del día del orgullo tolimense- hace recordar a prohombres del siglo xix como José León Armero y José Antonio de Plaza, Murillo Toro y Rojas Garrido, Francisco Eustaquio Álvarez y José María Samper. Pero en el siglo xx esa presencia se proyecta sobre el país de manera sistemática.

Los maestros Alberto Castilla y Manuel Antonio Bonilla iniciaron el suceso secular en el ámbito de las artes y las letras. Por su parte Fabio Lozano Torrijos y Alfonso López Pumarejo asumieron el compromiso de superar el talante guerrero del siglo xix para construir una vocación civil en el Tolima y en Colombia. La Unión Republicana y la Generación del Centenario –de la cual fue López un eje central- cambiaron la costumbre de la guerra por el ejercicio de la política. A partir de ese momento se formaron los hombres de Estado que gobernaron al país durante buena parte del siglo xix.

Hace unos años publiqué un libro sobre lo que, en el ámbito de la academia tolimense, se denomina la “Escuela del Tolima”. Me refiero al equipo intelectual y político más brillante de la historia colombiana del siglo anterior. Tuvo en Alfonso López su gran líder, adalid e inspirador. A su lado Darío Echandía, Carlos Lozano y Lozano, Antonio Rocha, Rafael Parga, Alberto Camacho Angarita y Gonzalo París Lozano, entre otros, construyeron instituciones durante la llamada “Reoública Liberal”. Todos ellos liberales y todos tolimenses. A ese equipo se debe la concepción social del Derecho y del Estado en Colombia. Por eso conformaron una “Escuela” de pensamiento, cuyos discípulos siguieron su ejemplo. Es oportuno recordar, al menos, a unos pocos: Alfonso Palacio Rudas, Rafael Caicedo Espinosa, Felipe Salazar Santos, Guillermo González Charry Alfonso Jaramillo Salazar, Alberto Rocha Alvira, Alfonso Reyes Echandía…

Todo aquello fue recordado por otro jurista ilustre, Alfonso Gómez Méndez, cuando llevó la palabra en el homenaje al presidente del Consejo de Estado Danilo Rojas Betancourth, a su colega de magistratura Jaime Orlando Santofimio y al ex presidente de la Corte Constitucional Luis Ernesto Vargas Silva, en el día del orgullo tolimense. Estos cuatro hombres de leyes son herederos de la “Escuela del Tolima” y ahora están comprometidos con lo que Danilo Rojas llama el derecho a la paz. Ese es un propósito insustituible del Estado social de Derecho y, como lo expresó brillantemente el propio Danilo en Ibagué, los aportes de los pensadores tolimenses para hacer de Colombia un país de leyes y de paz son evidentes. Los cuatro juristas mencionados han dejado también huella intelectual en el ámbito de su país. Como José Ignacio Narváez y Jaime Vidal Perdomo, Leovigildo Bernal Andrade y Néstor Hernando Parra, Eduardo Montealegre y Mauricio González, Ariel Armel Arenas y Cesáreo Rocha Ochoa.

El listado de juristas no se agota en esos nombres y en fututa ocasión habrá que volver sobre su ejemplo. Pero los hombres de letras nacidos en el Tolima también hacen presencia intelectual y honran a su tierra con la gestión y la producción literarias. William Ospina, un maestro del ensayo, y Carlos Orlando Pardo, un maestro de la crónica, por ejemplo. Hoy quiero destacar a dos talentos de las letras cuyas obras sobresalieron en la última feria del libro de Bogotá. Me refiero a un novelista y a un poeta. El novelista es Jorge Eliécer Pardo, nacido en el Líbano y ganador de varios premios nacionales e internacionales de novela y de cuento. Su libro “Transhumantes de la guerra perdida” –coeditado por Caza de Libros y Pijao Editores- profundiza su devoción por la novela histórica, en torno a la cual tiene dos obras anteriores y anuncia otras dos para años próximos. Pardo las llama “el quinteto de la frágil memoria”.

En toda la obra de Pardo el arte es la única salida, escribió hace algún tiempo la poeta tolimense Luz Mary Giraldo. Pero, específicamente en este quinteto, se me antoja que entregó su talento a contar la historia de otra manera, tal vez para que sobreviva no solo como testimonio sino como enseñanza y no naufrague en la memoria frágil de los colombianos. Quizás por eso el historiador tolimense Hermes Tovar considera que la obra de Pardo es más necesaria en esta época que en cualquiera otra: Tiene razón, Colombia necesita conocer bien su pasado desde la perspectiva de los intelectuales que, en una u otra forma, ponen de presente nuestra condición de sociedad plural, de manera que –ahora sí- sea capaz de construir el país en que quepamos todos.

El poeta es Nelson Romero Guzmán, nacido en Ataco, profesor de la Universidad del Tolima y ganador del último premio “Casa de las Américas”. Dueño de impresionante imaginación creativa y maestro de la poesía en prosa, ya había escrito “Música lenta”. Ahora publica “Bajo el brillo de la luna”, en un hermoso libro de Frailejón Editores, hecho a mano, por lo cual la edición también parece poética. Andrés Holguín, en su célebre antología de los poetas colombianos anotó que Gabo era dueño de una función fabuladora, en esencia poética, como su lenguaje perturbador y su visión del mundo. Esas frases parecen escritas para Nelson Romero.

Su editor, el escritor tolimense Iván Hernández, anota que Romero es, hoy, una de las voces más importantes de la lírica colombiana: Su poesía, extraña y atrevida, abarca temas tan diversos como la pintura de Edvard Münch, Goya y Van Gogh; las antiguas estaciones de tren del Tolima y las obras de ingeniería que el habitante mira con estupor y no asimila del todo. Para Hernández, el poeta conocedor profundo de las angustias del hombre contemporáneo y de las realidades del arte de hoy, se hace vocero de esa tensión y las presenta del modo más bello y novedoso. A su juicio Romero será cada día más oído y su voz será más y más reconocida.

Faltan otros protagonistas y, por supuesto, otras disciplinas: la historia, la arquitectura, la sociología, el periodismo, la música, la ciencia, en fin, pero queda la certidumbre de que el meridiano de la inteligencia colombiana sigue pasando por el Tolima y por los tolimenses.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

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