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Razones y sinrazones de una reforma

27 de octubre de 2016 - 09:49 p. m.

Dicen los ministros, los gremios, los medios de comunicación, los académicos más implicados y los ciudadanos más contaminados, que la reforma tributaria es urgente.

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Antes dicen otra cosa que, por cierto, se abstienen de explicar: “la reforma tributaria es estructural”. Quien escribe estas líneas se mueve en escenarios distintos al de la ciencia tributaria, pero entiende que lo estructural, en cualquier disciplina, es la armadura que define y relaciona entre sí las distintas partes de un todo. Sin embargo, al observar el proyecto, se advierte que está montando sobre la misma estructura del Estatuto Tributario vigente. Por lo tanto no resulta clara su condición estructural.

Insisten además en la necesidad de la reforma y justifican el mensaje de urgencia que acompañó su presentación al Congreso. Asustan al ciudadano poniendo de presente las graves consecuencias que traería para Colombia su no aprobación, incluyendo la rebaja en las notas de las calificadoras de riesgo sobre el desempeño general del país. Dicen también que las calificadoras son importantes para apoyar decisiones de compra de deuda soberana, pero no dicen que han sido criticadas por su excesivo poder y por cierta tendencia hacia la manipulación.

Hace unos cinco años una de las calificadoras de riesgo que funciona en Colombia (S&P), redujo la nota que había fijado para los Estados Unidos y no pocos economistas la criticaron por hacer juicios fundamentalmente políticos. Sin embargo los especialistas no creyeron que los actores de los mercados financieros se preocuparan porque los norteamericanos no pudieran pagar sus cuentas. Colombia, por supuesto, no es Estados Unidos, pero tiene tradición de cumplimiento en sus obligaciones internacionales.

La economía colombiana sufre una especie de contagio originado en la situación de Brasil y de otros países latinoamericanos, cuyos desempeños anuncian, desde hace rato, la disminución de recursos para toda la región en los próximos años. Pero además aquí hubo un alto grado de imprevisión en el manejo económico. Tuvimos ministros de Hacienda que pronosticaron la enfermedad holandesa debido al incremento de divisas por la mayor producción y los altos precios de los recursos naturales generados por la inversión extranjera. Hubo también ministros de Comercio Exterior que se dedicaron a suscribir tratados de libre comercio con todo el mundo, sin reparar en sus efectos sobre la producción agropecuaria y manufacturera del país. Nos íbamos a ahogar en dólares. Pero lo que se veía en el horizonte era todo lo contrario.

Minhacienda no previó los efectos de la naturaleza cíclica de la economía. Sin embargo nos dicen que tenemos los mejores ministros del continente. Por Dios, la mitad de los colombianos está por fuera del sistema. Por eso las medidas monetarias no producen los efectos buscados. El porcentaje de los declarantes de renta es mínimo y el de evasión es gigantesco. Y para completar la relación entre las razones y las sinrazones de la reforma, los impuestos en Colombia –a diferencia de lo que ocurre en otros países- suponen elevada carga y bajo beneficio para el ciudadano. Una reforma estructural no puede seguir montada sobre el impuesto indirecto. Y una reforma necesaria debe mostrar que su gran objetivo no es tapar huecos producidos por inadvertencias del pasado, sino incrementar responsablemente hacia el futuro el gasto social.

 

* Exsenador, profesor universitario. @inefable

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