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Símbolos de región

21 de agosto de 2014 - 11:00 p. m.

Colombia es un país de regiones y cada una de ellas tiene sus propios símbolos.

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 Ocurre igual con ciertos países. Los gringos han tenido símbolos que son casi mitos: el sueño americano, por ejemplo, y una de sus grandes empresas, en torno a la cual surgió una especie de slogan: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos”. En Colombia, “Coltejer” fue un símbolo empresarial de los paisas.

Pero detrás de todo eso están las personas: El país conoce valiosos constructores de empresas que también fueron constructores de región y, por lo mismo, terminaron simbolizando un propósito o una forma de ser. Alejandro Echavarría en Medellín o Manuel Carvajal en Cali dan testimonio del aserto.

El Tolima no es una región líder en desarrollo empresarial. Sus hijos prefirieron el escenario de las ideas, del magisterio, del pentagrama. Echandía, Parga, Rocha, y más acá Alfonso Palacio Rudas o Jaime Vidal Perdomo, proyectaron lo que en su tierra se conoce como “Escuela del Tolima”. Igualmente el maestro Bonilla y el Maestro Castilla, o Garzón y Collazos y Silva y Villalba, ocupan sitial de honor en Colombia.

Sin embargo registra en su historia reciente adalides en el ámbito corporativo. Hombres de trabajo, creadores de riqueza, visionarios de futuro que, desde el liderazgo empresarial han construido región. Hay allí dos o tres empresas y dos o tres empresarios cuyas vidas significan ejemplo de compromiso y espíritu de servicio.

Santiago Meñaca Castillo es el más destacado de ellos. Formado en la empresa del viejo Emilio Urrea, establecida en Honda hace cerca de cien años, se fue forjando a sí mismo. Fraguó su propia empresa, moldeó su propio espíritu, creó su propia estirpe. Nacido en Neiva, se estableció en Ibagué, donde vivió hasta su fallecimiento, en el año 2006, convertido en hombre-símbolo de su región.

En 1954 Santiago Meñaca fundó la Sociedad Importadora de Automotores “Sida Ltda.” que, después, se transformó en sociedad anónima. Comenzó por la importación de vehículos Ford y luego se volvió empresa líder en distribución de productos y servicios del mercado automotor y la maquinaria agrícola. Fue, también, empresario del arroz en la meseta de Ibagué, donde se dan los niveles de productividad más altos del mundo.

Fue, además, un líder cívico como pocos. Directivo de Fenalco, de la Cámara de Comercio, de la Asociación para el Desarrollo, lideró los procesos de fundación del Comité de Gremios del Tolima, de la empresa aérea “Aires”, de la Universidad de Ibagué, a comienzos de los años ochenta.

Su empresa, y la de sus descendientes, cumple hoy sesenta años de fundada, y ha tenido mucho que ver en el desarrollo del Tolima. Él también, por supuesto. Fue condecorado varias veces por gobernantes y dirigentes nacionales y regionales. Su lucidez y su talante le daban un aire de superioridad, que manejaba con infinita sencillez. Su periplo vital pareció girar alrededor de una célebre frase: “No le pido a la vida duración sino estética”. Y así vivió más de ochenta años. Era un patriarca.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

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