En 1923 Bogotá era un pueblo grande y señorial donde vivía la familia Mutis, encabezada por un sobrino bisnieto del sabio José Celestino.
En 1931 Bélgica celebraba los cien años de su independencia como Estado Nacional, pues desde los tiempos del imperio romano los belgas estuvieron sometidos al dominio de franceses, españoles, holandeses y, ahora, acababan de ser liberados de la ocupación alemana durante la primera guerra mundial. El sobrino bisnieto del sabio Mutis era diplomático en Bruselas.
En 1940 Ibagué era un lugar apacible que vivía en función de su entorno rural, a pesar de que en su club y en sus cafés se discutía sobre los problemas del mundo con sorprendente información. Detrás de la ciudad se alzaba la ladera con cultivos de café, cubierta por un amable clima que hacía de la conjunción de los ríos Cocora y Coello un hermoso paraje, donde la familia Jaramillo, naturalmente de origen paisa, era propietaria de una finca cafetera denominada “El Paraíso”.
Ese prodigioso contraste de escenarios marco su impronta en el paisaje de alma de Álvaro Mutis Jaramillo: Nació en Bogotá, pasó su infancia en Bruselas y su adolescencia en una hacienda cafetera del Tolima, presidida por una casa de dos plantas, desde cuya ventana más alta, como si fuera una gavia, se apreciaba el viaje de dos ríos que se juntan y siguen viajando interminablemente hasta que, al fin, encuentran reposo en el mar.
Mutis nació en 1923 y transitó por el billar, la poesía, la locución, la bohemia, las relaciones públicas y la novela, para desembocar finalmente en la dirección que conduce hacia los premios universales más importantes de la literatura. Maqroll nació en 1953 y, para utilizar un aserto del escritor tolimense Héctor Sánchez, era un peregrino del mundo “que quería ir a todas partes sin querer ir a ninguna”.
En junio de 1993 vi por primera y última vez a Mutis en el marco del Congreso de norteamericanos colombianistas celebrado en la sede de Irvine de la Universidad de California. Decidió alternar con los delegados tolimenses. Descubrí en él a un hombre optimista, erudito, brillante. Era ante todo un hombre auténticamente universal que, sin embargo, se sentía orgulloso de ser colombiano. Maqroll, en cambio, era un poco triste, extraño, solitario. Una especie de ciudadano del mundo que pudo nacer en cualquier parte y del cual casi nadie sabe su origen ni su pasado.
Mutis el viajero y Maqroll el gaviero salieron un día de Coello a darle la vuelta al mundo. Viajaron de derrota en derrota hasta la victoria final. La consiguieron Maqroll hizo historia para la literatura y Mutis hizo literatura para la historia. En Irvine el escritor Carlos Orlando Pardo le preguntó por su última novela, titulada “Tríptico de mar y tierra”. Mutis le repuso que no la había escrito pensando en Maqroll sino su nieto: “Él debe saber que lo amo”. Mutis vivió con alegría porque el corazón no le cabía en el pecho.
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