Cumplió 45 años la revista creada y dirigida por el escritor y fotógrafo Milcíades Arévalo. Cuando tuve 20 años llegó esta revista a Sincelejo, donde pasaba unos días. La conseguí en la librería de Lenny Portnoy, la más antigua de Sincelejo, y él es uno de los libreros más fervorosos y persistentes que he conocido. Ya imaginarán la empresa llena de vicisitudes que es sostener una librería en la capital de un departamento golpeado hasta la extenuación por la corrupción y la violencia. Bueno pues, ahí pude leer una edición de Puesto de Combate. Y supe quién era Milcíades Arévalo. Acababa de ganar el Concurso Universitario de Poesía que aún promueve la Universidad Externado de Colombia y decidí enviarle algunos poemas al director de la Sociedad de la Imaginación, de quien no era amiga. Él me respondió con una extensa carta escrita en su máquina Brother y me sugirió que siguiera leyendo y puliendo mi tono, mis temas, mi manera de nombrar el mundo. Pasado un año de aquella carta, volví a enviar los poemas y me publicó dos. Esta vez conocí la revista porque me la hizo llegar hasta Pamplona, donde estudiaba Lingüística y Literatura.
Desde entonces he seguido con atención cada edición de Puesto de Combate (así, con C mayúscula), que ha sido en verdad una odisea de este Ulises que ha llegado en 45 años 85 veces a Ítaca, porque eso ha sido cada número de los 85 hasta ahora publicados: un arribar a Ítaca para volver a perderse y volver a empezar, como afirma Milcíades Arévalo en la presentación de la más reciente edición: “Demasiado largo ha sido el viaje y los contratiempos que he tenido que soportar, inclusive con los mismos viajeros del mismo mar”.
Por Puesto de Combate han pasado por primera vez las más importantes plumas de la literatura colombiana y latinoamericana. En ella han tenido espacios escritores que, pese a su probada calidad estética, jamás tendrán o tendrían una oportunidad debido a las aristocráticas y casi politiqueras dinámicas de la Bogotá que excluye a todo lo que no responda al canon literario capitalino o que no se case de manera servil con grupos y grupillos.
No sabemos por cuáles ensalmos este Quijote llamado Milcíades Arévalo hace llegar la revista de la Sociedad de la Imaginación a lectores y a las bibliotecas más recónditas del país. Tal vez es una cofradía de amigos y amigas lectores (que no escritores) quienes la multiplican y hacen que resuene igual en Saravena, Majagual, Mapiripán o Miraflores. Pero Puesto de Combate dirigida por Milcíades Arévalo constituye una memoria histórica y fotográfica de la literatura colombiana de todos los géneros. Es un ejemplo para estos tiempos banales en los que prolifera la pereza para defender nuestros sueños y principios.