El Eln, los cristianos y la corrupción son los mayores electores del Centro Democrático. Pero existen hoy (2019) muchas otras maneras de percibir este juego macabro. Se trata de los ciudadanos que sabemos que la guerra no es un destino inamovible y que tenemos urgencia de recuperar el rol de las ideas en el análisis del rumbo que queremos para un país que NO es inviable. Tenemos que contrarrestar estas verdades belicosas y propias de grupos mafiosos. Porque lo que se ha dado en llamar “uribismo” no existe. El sufijo “ismo”, que da significado a un movimiento literario con sus postulados estéticos y a las corrientes filosóficas y religiosas con sus doctrinas y dogmas susceptibles de reinterpretación y actualización, en el caso del supuesto partido político llamado Centro Democrático no existe. Porque no hay en él un ideario innovador. Se trata de un conglomerado de personajes que se han hecho elegir creando la necesidad de considerar que el desarrollo de un país se sostiene en la seguridad policiva y militarista.
Ante la falta de un orden discursivo que oculte la manera cruel que emplean para perseguir el único objetivo real que los guía: sostener el poder sobre la tierra, sobre el latifundio, se descorre el telón y se percibe que son una mafia y no un partido político guiado por intereses, mas no por ideas. Es la manipulación, en consecuencia, su arma. Por ello sus electores son, en esencia, una guerrilla desvencijada y traqueta como el Eln que hace décadas perdió su lugar en la historia y hoy goza del repudio nacional; lo son también los estratos uno y dos y esa clase media vergonzante y camandulera que marcha a favor de la paz, pero vota NO al plebiscito, evade la consulta anticorrupción, elige “al que dijo Uribe”, insulta a los marchantes que piensan diferente; y los partidos (mafias) políticos defensores del statu quo que antes se llamó mermelada y hoy habrá que nombrar como dice Cristina de la Torre: “Los añosos auxilios parlamentarios —ahora 20 % del presupuesto nacional de inversión— elevados a norma constitucional”.
Dice Marcelo Moriconi en su libro Ser violento que “se podría pensar que, dependiendo del lado que se mire, toda acción humana es ‘eficaz’, aunque sea ‘eficaz’ en ser ineficaz”. Iván Duque, el presidente que dirige este país, es el vivo ejemplo de este axioma. Se encuentra en las manos de un discurso de terror y de belicosidad que le interesa retomar a Álvaro Uribe porque si bien durante los gobiernos de Juan Manuel Santos no se acabó la guerra en su totalidad, sí se pudo hablar de otros temas incluido la corrupción.
Tristemente, Duque es ineficaz para trabajar por un país viable y diverso, pero es eficaz para la ineficacia histórica de la guerra que sostiene a su líder, Álvaro Uribe Vélez. Por ello en los pocos meses de gobierno rearmó al país; respalda al indefendible fiscal Néstor Humberto Martínez; convoca a una marcha por unos muertos y por otros ni siquiera da la cara; entregó nuevamente Fedegán a José Félix Lafaurie que, de acuerdo a La Silla Vacía, “se ha visto envuelto en acusaciones por supuestos vínculos de ganaderos con paramilitares, como la Corporación Nuevo Arco Iris, que acusó a los ganaderos de ser los principales promotores de violencia en el país”; no está en su agenda –o al menos se evapora en la desatención– que la educación sea una obligación estatal y no lo sea enviar niños a una guerra que al cierre de esta columna ha declarado su jefe Uribe Vélez: “El Gobierno hace un gran esfuerzo con reorganización de batallones y fuerzas especiales de tarea, para la eficacia se necesita que los ciudadanos nos vinculemos a las redes cívicas de cooperantes. Tres elementos: la Constitución, la FF. AA. y la cooperación ciudadana”.
Ahí está la guerra. La excusa para seguir expropiando y sosteniendo sus dominios. Pero estos son otros tiempos, es duro y difícil admitir nuevas realidades, sobre todo cuando estas implican una mudanza de perspectivas en nuestro ser y reconocer que previamente estábamos equivocados. Por ello es el tiempo de establecer un pensar y un actual libre, sano, sanador, que no replique este discurso de horror; considerando a nuestros paisanos víctimas y victimarios, porque no es plomo lo que únicamente hay, señor Uribe.