Escaparate se le llama en la Costa Caribe al famoso y mediático clóset.
Armario es el más generalizado nombre para el guardarropa y chifonier es de uso frecuente en los santanderes y otras zonas andinas. Esta variedad semántica es empleada para configurar un objeto cuya función metafórica alude a una realidad triste: ocultar o dar a conocer si se es homosexual.
El escaparate, chifonier o clóset cumple para los homosexuales, la antigua función que ejercía el corsé para la mujer: ser una cárcel. Pero una cárcel doblemente ignominiosa: se sufre si está dentro y se padece en mayor grado si se está afuera. Al menos las mujeres al retirarse el corsé, dejaban descansar las carnes por algunas horas.
Por este doble sufrimiento es que muchos homosexuales permanecen en el escaparate. Y ello es extensivo a todas las clases, colores y nacionalidades. Habría que agregar a los homosexuales a la lista de los perdedores, que, al decir de Eduardo Galeano han sido excluidos de la escritura y la hechura de la historia, el arte y la ciencia. El escritor uruguayo sentenció que entre esos perdedores que también llamó los nadie, están los negros e indígenas, los pobres y campesinos, los laicos y ateos, los civiles, las mujeres y como no, los homosexuales, bisexuales y demás orientaciones.
Y no me vengan con el argumento de que Eduardo Galeano está fuera de tiempo, que citarlo es un anacronismo o un mamertismo literario. Ahora, cuando resurge con furia renovada la ultraderecha, y el neoliberalismo impone una esclavitud en la que no se sabe quién es el negrero, es que Eduardo Galeano, Martha Nussbaum, Noam Chomsky y Paulo Freire, entre otros, están más vigentes.
Pero volvamos al cauce inicial. De esta cárcel no se quiere salir porque sólo hasta hace pocas décadas, en países llamados desarrollados como Estados Unidos, se ha legislado a favor de los homosexuales; porque no existe modelo pedagógico o misión y visión empresarial que incluya la palabra diversidad. Porque la educación de las emociones obedece a paradigmas heterosexuales que funcionan desde la entronización de lo genital y el fin de procrear. El hedonismo es un asunto de segunda mano. Y en ese contexto, la vida homosexual en pareja es una afrenta a ese paradigma, en tanto que hay mayor posibilidad de ser felices sin la angustia de procrearse eternamente.
Ninguna pareja heterosexual lo confiesa, pero en el fondo envidian la prosperidad, serenidad y placentera vida que llevan millones de parejas homosexuales. Que, sin embargo, temen al rechazo, al murmullo de la oficina y de la sala de profesores o de la empresa; al matoneo escolar; a la exclusión de grupos considerados como amigos; a ser el marica o la arepera de nuestros pueblos y veredas; a la policía y sus sanguinarias limpiezas sociales; y temen, cómo no, que ocurran masacres en países desarrollados cuyo discurso central, paradójicamente es la guerra. Para ellos, que no temieron salir del escaparate, va esta columna:
Edward Sotomayor, Stanley Almodóvar III, Juan Ramón Guerrero, Eric Ivan Ortiz-Rivera, Luis S. Vielma, Peter O. González Cruz, Luis Omar Ocasio-Capo, Eddie Jomoldroy Justice, Anthony Luis Laureanodisla, Amanda Alvear y Mercedes Marisol Flores, Kimberly Morris, Shane Evan Tomlinson, Jean Carlos Mendez Pérez, Darryl Román Burt II, Deonka Deidra Drayton, Alejandro Barrios Martínez, Franky Jimmy Dejesús Velázquez, Martín Benítez Torres, Luis Daniel Wilson-León, Xavier Emmanuel Serrano Rosado, Gilberto Ramón Silva Menéndez, Simón Adrián Carrillo Fernández, Óscar A. Aracena-Montero, Enrique L. Ríos, Jr. Miguel Ángel Honorato, Javier Jorge-Reyes, Joel Rayon Paniagua, Jason Benjamín Josaphat, Cory James Connell, Juan P. Rivera Velázquez, Luis Daniel Conde, Juan Chevez-Martínez, Jerald Arthur Wright, Leroy Valentín Fernández y Tevin Eugene Crosby.