El escritor colombiano Giuseppe Caputo ha creado Un mundo huérfano. Así ha titulado su primera novela que ya lleva dos ediciones de la editorial Random House Mondadori. El libro salió en 2016. Lo he leído este año. El día de la primera vuelta electoral lo llevé como amuleto en mi morral cuando oficié como jurado electoral. Quise conjurar con esto la no existencia de esa historia descarnada de un padre y su hijo homosexual, que equilibran el abandono y la barbarie, con una infinita ternura, fraternidad y creatividad.
Es descarnada y bella la novela de Caputo, porque estos dos hombres, el padre y el hijo —que no tienen nombre— viven en el total desamparo social: sin una vivienda estable, luchando por estirar la comida, por robar la electricidad del poste de un barrio de una ciudad también sin nombre. Pero sobreviven de forma digna gracias al afecto y cuidado mutuo. Ríe el lector al ver la candidez de los miles de trabajos que se inventa el padre para sobrellevar los días. Ríe entre lágrimas el lector al ver la fraternidad que fluye entre las vecinas y los dueños del bar que visitan los protagonistas.
El hijo es el padre de su padre y el padre de sí. El hijo es homosexual y desahoga su ser en errancia entre orgías de vergas en la noche de La Ruleta, un chat de encuentros sexuales y la rumba gay. Hay tal fuerza en la creación de ambientes en esta historia, que el lenguaje funda con humor un mundo onírico y salvaje con una estética cuidadosa en la que se describen vergas, popper y penetraciones.
Se narran esas violencias implícitas y soterradas de la homofobia, del hombre macho que llama mariposa al protagonista tiñendo de ofensa esta palabra, pero hace fila en el bar gay para poder ser. Y también están las violencias explícitas y cruentas: la de cuerpos desmembrados en las que los cadáveres se convierten en objetos recogidos y desechados sin pudor por los mismos asesinos legales; una violencia que configura y hace evocar la del corte de franela o la corbata en la decimonónica guerra colombiana.
Giuseppe Caputo es, en la actualidad, uno de los escritores más comprometidos con la creación literaria y con la difusión de la misma a través de su trabajo como director cultural de la Filbo. Se identifica como gay y reivindica muchas de las luchas de la comunidad a la cual pertenece. En este contexto, cree en la igualdad en medio de la diferencia. Y es esta, en consecuencia, una de las resignificaciones de su hermosa novela, que a pesar de ser desgarradora, está sublimada por la inmensa capacidad para crear salidas imaginativas que cada personaje del libro inventa cuando el desamparo se ensaña con él. Y están también las alternativas del humor y de la amistad como escudos que forjan los personajes para no permitir el avasallamiento de la molicie y de la barbarie.
Un mundo huérfano, como Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro, son libros urgentes de leer en tiempos de resistencia.
COLETILLA: Bien por esa bandera gay que el alcalde de Bucaramanga, ingeniero Rodolfo Hernández, ha hecho ondear en la puerta de la Alcaldía durante todo el mes de junio. En tanto que nuestro conservador alcalde de Floridablanca, el joven abogado Héctor Mantilla, ni por enterado se da del tema, pues está haciendo patria en Rusia, mientras en el parque central se disponen carpas, pantalla gigante y sillas para que el pueblo florideño cante los goles de Colombia y sea feliz.